La sizigia Maximiliano, Zagal y nosotros

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Incontables serían las veces que en un viaje las cosas salen mejor de lo planeado ya que con un poco de flexibilidad vas dejando que la vida te sorprenda y lo digo literal. La semana pasada estuve en la Ciudad de México (una de mis ciudades favoritas), para pasar unas vacaciones después de un año y medio de encierro por la pandemia. Ya vacunada me di valor para hacer las cosas que más me gustan: Conocer gente, comer, visitar museos, tomar fotografías y cumplir sueños.

Uno de mis puntos favoritos es el Museo Nacional de Historia y el Alcázar del conjunto conocido como el Castillo de Chapultepec el cual he visitado cada que tengo oportunidad porque me encanta. Lo que vivo cuando voy ahí es cómo cuando ves varias veces una película que te gusta mucho y descubres cosas nuevas. Y entre una visita y otra aprendo más de la historia de mi hermoso y amado México.

El pasado jueves al terminar el recorrido por la colección del museo, entré por el patio de los carruajes al Alcázar de Chapultepec que fue construido por el Emperador Maximiliano de Habsburgo para habitarlo junto a su amada Carlota. Desde que soy pequeña la historia de este par siempre me ha fascinado. Y visitar el Castillo de Chapultepec me traslada a esa época e imagino cómo vivieron estos dos personajes de la historia, que le guste o no al presidente actual, forman parte de la historia de México.

Cuando tenía diecisiete años gasté una parte del dinero que ahorraba para comprarme la segunda edición ilustrada de la novela basada en hechos históricos “Noticias del Imperio” de Fernando del Paso. Era una presentación en pasta dura en cuya portada se veía la imagen del bello óleo pintado por Albert Graefle de la Emperatriz Carlota, que es parte de la colección del Museo. Desde ese día me metí más entre la historia y la ficción del texto de Del Paso y crucé los datos históricos de ambos personajes, de los cuales sentí una mezcla de fascinación y compasión.

Ese mismo jueves me percaté que todos los sábados se presentaba en la terraza del castillo, el monologo “Imperio” basado en la obra de Héctor Zagal que detalla cómo Maximiliano de Habsburgo medita su vida desde su celda, tres días antes de ser fusilado; recreando los últimos momentos del traicionado y manipulado Emperador. Pero no podría asistir porque la agenda de ese día ya estaba definida y me conformé con pensar que dejaría ese pendiente en otra visita a la CDMX.

La sizigia sucedió cuando a la hora de la comida los nombres de Maximiliano y Zagal salieron en la conversación, cinco minutos después del binomio Max-Zagal y una llamada de mi querido y gran amigo “El Alquimista” teníamos boletos para la obra, cortesía del mismísimo Doctor Zagal quien es su amigo. Y como un golpe de suerte por ausencia del presentador, ese sábado él estaría dando la introducción del monologo.

Terminamos el día haciendo algo que ni planeado hubiera salido tan bien. Conocí en persona a un extraordinario escritor, disfrutamos de la maravillosa adaptación de su obra y la magistral interpretación del actor Ernesto Godoy que nos llevó a esa fría y solitaria celda donde Maximiliano de Habsburgo enfermo, con miedo y resignado esperaba la muerte. Un Maximiliano que desde que partió a México sabía que era un viaje sólo de ida porque su hermano el Emperador de Austria lo quería lejos de Europa. Y así se dio la sizigia Maximiliano, Zagal y nosotros.