La Revolución de las cucharas

Por Manuel Rodríguez Monárrez

Un gobernador que jadea rodeado de sus fieles, intranquilo, desesperado, molesto, fuera de sí, se le ve saliendo del recinto donde se celebraba la reunión mensual de Coparmex en Tijuana al finalizar la reunión de toma de protesta de la mesa directiva 2018 del organismo, el mes pasado. El gigantesco salón Verona del Hotel Real Inn fue por momentos un espacio de disidencia, cuna de una revuelta social al estilo de los hombres de cuello blanco y corbata del norte de México, hecho anecdótico que se gestó de manera espontánea por cierto.

Yo acudí como cualquier otro no socio ese día pagando mi cuota por encima de lo normal, pensando que me iba llevar algunas buenas ideas del Dr. Sergio Aguayo, con quien había platicado minutos antes de que empezara la reunión en el módulo de grupo Unirardio que se encontraba en el pasillo. Pero mi paciencia se agotó antes de que el gobernador Vega concluyera su mensaje de más de treinta minutos, incluso no alcance a ser testigo directo de lo que estaba por ocurrir, pero pude analizar detenidamente el video que un compañero de la prensa subió al youtube momentos posteriores.

Ahí puede observar como algunos de los que estaban sentados enfrente doblaban las rodillas mientras el gobernador concluye su mensaje, pero los de en medio y los de atrás hicieron valer las notas de nuestro glorioso himno nacional, al menos por tres o cuatro lapsos intermitentes en el que se ve a un gobernador desconcertado con voz temblorosa tratando de arremeter con fuerza para concluir su discurso porque las cucharas del centro empresarial hicieron retumbar el centro de la tierra, o al menos el epicentro político de esta entidad.

Los manifestantes golpearon sus utensilios metálicos con la cristalería que estaba en sus mesas con más fuerza, mientras el gobernador en el podium no daba crédito de la revuelta, los convocados por el sector patronal de esta ciudad decidieron manifestar su inconformidad ante la descortesía del gobernador Kiko Vega, de no calcular la duración de su discurso, para dar paso al catedrático del Colegio de México, invitado a hablar del panorama político nacional. Y es que a cualquiera le disgusta tirar su dinero, y si ni de a gratis uno se “chuta” las cifras maquilladas del gobierno, ahora imagínense como se sentían aquellos hombres y mujeres que pagaron quinientos pesos promedio por ir a desayunarse los agónicos párrafos de un gobernador que la oratoria no es su fuerte.

Cuando un gobernante pierde piso en cualquier democracia, de múltiples formas, el pueblo se encarga de recordarle cuáles son sus límites, de hecho esa fue precisamente la frase de campana de Kiko Vega: “En Baja California, la Gente Manda”, y ese día la gente le ordenaba a Kiko que ya se callara, que concluyera su mensaje y se bajara del escenario, y en lugar de detenerse a reflexionar y decirle a los congregados que estaba por concluir que le dieran un minuto para terminar, el Gobernador torpemente se exaltó y encendió a la desquiciada multitud coparmexiana.

De por sí, los integrantes de esa organización tienen fama de que no son un auditorio fácil, acostumbrados a la crítica constructiva y a la propuesta dura, por lo general citan a mentes brillantes que provean de líneas que le permitan dar un rumbo, no sé si el correcto, pero al menos lo intentan, a nuestra entidad. No fue un acto pagado, tampoco fue una actitud electorera producto de la maquinación de algún político anti-sistemico, no, simplemente fue una reacción natural de hartazgo ciudadano por la reacción visceral de un político despegado de la realidad.

Algunos de sus incondicionales se rasgan las vestiduras, alegando que fue una falta de respeto hacia la investidura gubernamental. ¿Falta de respeto?, me pregunto. En todo caso la falta de respeto viene precisamente del gobernante frívolo que no escucha a sus asesores y que decide aprovechar un acto protocolario de toma de protesta para extenderse y pretender lucir lo que considera sus grandes logros de gobierno, sin considerar que aplasta con su actitud la agenda para la cual la iniciativa privada fue convocada.

Más que insólito, que lo es, al menos en la política bajacaliforniana, este acto demuestra el grado de desaprobación social por el que atraviesa la clase política local y lo poco que a los gobernantes les importa realmente lo que diga la sociedad, ahora más que nunca veo que viven en una burbuja de impunidad, que los hace sentir intocables y dueños absolutos de este estado, personas y bienes públicos, actitudes que han dado paso a que se cometan graves excesos, que en cualquier otra democracia serian grandes escándalos de corrupción castigados por la ley. Por el momento, solo fueron cucharas.