La respuesta cristiana

Por Manuel Rodríguez*

“Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia.” Salmo 46:1

Dolor y coraje se puede ver en el rostro del Presidente Obama, 14 veces durante sus 7 años de gobierno se ha derramado la sangre de inocentes producto de la incomprensión y el odio.

 

A pesar de ser una superpotencia, a los Estados Unidos de América siempre le ha costado trabajo aceptar los problemas tan profundos de discriminación que todavía enfrenta. La difícil historia de Carolina del Sur es una historia de guerra racial. Un pasado de segregación y odio que toca las fibras más sensibles de la nación norteamericana.

La semana pasada un joven anclado a viejas ideas de superioridad racial abrió fuego con una pistola calibre .45 contra 9 personas afroamericanas que lo habían aceptado en la sesión de estudio bíblico de los miércoles. Entre ellas, el Senador demócrata Clementa Pinckney, un reconocido activista social y líder comunitario en materia de derechos civiles. Pinckney además era padre de 2 niños, esposo y pastor de la Iglesia en donde fue la tragedia.

En cuanto me enteré de la masacre de la Iglesia Emanuel en Charleston, Carolina del Sur, tuve que detener mi auto.

La versión de la narradora de KPBS me conmovió hasta el llanto. Pocos sucesos me afectan al grado de sentir sofocación. Bueno eso tiene una explicación. En Charleston hubo quienes instigaron a la comunidad afroamericana a reaccionar violentamente.

Muchos esperaban actos vandálicos, saqueos y disturbios. Sin embargo, lo que calmó los ánimos sociales fue el perdón público que los familiares de las víctimas le dieron al asesino. En entrevista las 9 familias afectadas hablaron del perdón de Cristo.

Encontrar una respuesta de perdón al mal en el mundo es algo difícil de asimilar para quienes no conocen las enseñanzas. Es mi esperanza, que la hora de estudio bíblico que Dylan recibió por parte del pastor antes de ser asesinado, sea la semilla de arrepentimiento que haya quedado sembrada en su corazón. 

Debemos entender que a pesar del profundo dolor que infligió este chico sobre la comunidad afroamericana, el pueblo de Charleston demostró ser un pueblo de paz. Las 9 familias de Charleston se comportaron como verdaderos hijos de Dios.

Algunos nos hemos desvelado tratando de encontrar la solución de cómo detectar y evitar la acción de perpetradores de horrendos crímenes. En varios pasajes del evangelio cristiano se nos invita a amor a nuestro vecino, y al mismo tiempo perseguir la justicia en nuestras vidas.

Debemos pues estar seguros que así como Dios reabrió las puertas de la Iglesia Emanuel el pasado domingo, así también abre sus brazos a todos, incluyendo a los asesinos. La pregunta que debemos hacernos es: ¿cuándo vienen los tiempos difíciles, cómo respondemos?, ¿respondemos con miedo o respondemos con fe? Ante situaciones como esta la fe es la respuesta.

No nos quede la menor duda, en Charleston se ésta haciendo justicia. Pidamos fe y aprendamos de Charleston cómo seguir adelante por encima del odio.