La responsabilidad olvidada de nuestros alumnos

Por Gustavo Fernández De León.

“Cuenta la anécdota que un hombre presumía de haber enseñado a su perro a hablar. Incrédulos, un grupo de personas lo retó y comenzaron a hablarle al animal recibiendo como respuesta sólo ladridos. Al escuchar los ladridos y no palabras, tacharon al hombre de mentiroso y él respondió. -Les he dicho que le enseñé a hablar, no que el perro lo haya aprendido”: Popular-

 

Tras los resultados no óptimos obtenidos en materia de educación a través de las mediciones tanto en niveles nacionales como internacionales, se ha criticado el desempeño de nuestro sistema educativo a nivel nacional y local, a los docentes y a las políticas públicas. Estoy de acuerdo con ello, sin embargo poco o nada se ha hablado de la responsabilidad propia del alumno respecto a sus aprendizajes.

El proceso enseñanza – aprendizaje requiere tanto de la preparación del docente como de la disposición del alumno. Un alumno con el interés de aprender, lo hará a pesar de las condiciones. Uno sin el interés, ni en la mejor escuela del mundo.

Si bien el alumno debe desarrollarse en un ambiente democrático en el que sea tomado en cuenta, también debe conocer que tiene responsabilidades y obligaciones con sus padres, con la sociedad y con el Estado. Es momento de compartir algo de responsabilidad con los alumnos para salir del círculo vicioso que sigue dejando los mismos resultados: mientras la sociedad participativa exige y los gobiernos tratan de responder, los alumnos están ajenos a esta discusión.

En el afán de protección a la niñez y la juventud, los muchachos se han vuelto intocables a tal grado, que ahora ni los padres pueden exigir resultados y compromisos. Seguido se puede escuchar a alumnos que con desdén  justifican su desinterés y bajo rendimiento “porque el profe no me cae bien” o “no me gusta su clase”. Poco hay de perseverancia y de compromiso autónomo para lograr aprendizajes a pesar de las condiciones.

Es importante distinguir entre el respeto y el derecho a su voluntad y elección, con generar jóvenes y profesionistas incapaces de aguantar el reto real del trabajo. Estamos creando una generación extra sensible y frágil, poco comprometida, con poca voluntad y mínima perseverancia, sin arraigo al entorno laboral y poco agradecida a las oportunidades de estudiar y de trabajo.

La gratuidad tiene como objetivo claro que nadie quede fuera por cuestiones económicas, pero trae como consecuencia que se valore poco lo que se gana sin esfuerzo. Propongo que dentro de la gratuidad, se desarrollen mecanismos que demanden esfuerzo y voluntad de los alumnos para ganarse su lugar en la escuela.

Es momento de que como sociedad organizada y participativa exijamos a padres de familia pero principalmente a alumnos, la responsabilidad que les corresponde en el proceso del aprendizaje. Que sepan directamente su compromiso y que valoren el subsidio a su educación, que no es gratis, que a todos nos cuesta mucho.

 

Maestro por el Tecnológico de Monterrey

Presidente de Coparmex Tijuana

gustavofernandezdeleon@hotmail.com