La policía de Tijuana

Por Juan Manuela Hernández Niebla

“Los buenos policías no se concentran en el criminal, sino en la victima”

El retiro del actual secretario de seguridad pública de Tijuana y la incorporación de su relevo abre pauta y esperanza para nuevamente intentar solucionar el grave problema de inseguridad que vivimos.

Entendiendo la importancia que tiene nuestra ciudad en la inseguridad estatal, con cifras de la fiscalía estatal de enero a septiembre 2020, Tijuana representaba el 46% de la incidencia delictiva total en el estado, el 69% de los homicidios que se cometen, y el 71% de los secuestros.

Con estos números, por tasa de 100,000 habitantes y en el mismo periodo, la organización Semáforo Delictivo clasifica a BC en el 1er. lugar de homicidios y robo a vehículos nacionalmente, y dentro de los primeros diez lugares en delitos como feminicidios, robo a comercio, casa habitación, narcomenudeo y violencia familiar.

Consecuentemente, no se puede hablar de una estrategia de seguridad estatal sin incluir a Tijuana, donde para ese efecto, adicional a un alcalde que le entre al tema, se necesita un verdadero líder en la secretaria de seguridad publica tijuanense.

La situación de los policías de Tijuana es verdaderamente preocupante. La ciudad cuenta con la mitad de los policías que necesita, y los mismos no reciben las prestaciones que marca la ley, menos de la mitad están debidamente certificados, y reciben poca o nula capacitación en estándares de trabajo como son el llenado del informe policial homologado, la ley del uso de la fuerza, y el registro nacional de detenciones.

Por otro lado, y con cierta razón, la percepción de los policías municipales ante la ciudadanía es muy baja, donde los tachan de abusadores y corruptos.

Consecuentemente, el policía que sale todos los días a patrullar, el encargado de cuidarte a ti y a los tuyos, es un policía desmotivado, sin prestaciones sociales y poco capacitado.

En esas circunstancias, no podemos aspirar a una policía a la altura de las necesidades si no les proporcionamos lo que necesitan, y para eso se necesita un verdadero líder en la corporación, que trabaje para los policías y la ciudad, y no para el político en turno.

De igual manera, no se puede entender a los policías extorsionando o robando decomisos de drogas sin la anuencia de los jefes policiacos, donde la pregunta medular es qué tan arriba llegan estos recursos mal habidos.

Esta es la oportunidad de redimensionar a la policía de Tijuana nombrando a un secretario con los requisitos adecuados.

El nuevo secretario debe contar con el respeto de las tropas policiales, idealmente debe ser un policía que emane de las mismas, respetando el servicio profesional de carrera.

Entre sus primeros desafíos, deberá devolver la motivación a los policías, exigiéndole al cabildo se reglamenten los beneficios sociales a policías tal y como lo marca la ley, asignándoles los presupuestos correspondientes.

Deberá igualmente iniciar un plan de reclutamiento de nuevos policías, entendiendo que con 2,500 elementos se tiene sólo la mitad de los policías requeridos. La policía municipal es preventiva y su presencia inhibidora es indispensable en una ciudad que crece todos los días.

Finalmente, el nuevo secretario deberá seguir los lineamientos del Gobierno Federal en relación al estado de fuerza, óptimo, justicia cívica, fortalecimiento de las unidades de investigación, asuntos internos y anticorrupción, inteligencia, prestaciones sociales, y profesionalización y carrera policial.

Esta es la oportunidad para el alcalde para redimirse en materia de seguridad.