La perorata del mojigato

Por Daniel Salinas Basave

«Cualquiera menos Donald Trump», claman miles de voces indignadas ante la grosera estridencia del magnate y su perorata del odio. Frente a la inminente amenaza a la paz mundial que significaría el arribo de un bocón ignorante a la Casa Blanca, no pocas opiniones coinciden en señalar que el triunfo de cualquier opción que no sea Trump es digno de celebrarse.

A tal extremo se ha llegado, que hay quienes ven como una esperanza la candidatura de Ted Cruz. Nada más alejado de la realidad. Si las únicas alternativas para Estados Unidos se reducen a Trump o Cruz, entonces hemos entrado de lleno a uno de los peores infiernos concebibles, un insultante retroceso oscurantista, un verdadero escupitajo a toda noción de progresismo y dignidad humana.

Analizando los perfiles de los candidatos punteros del Partido Republicano, he llegado incluso a creer que Ted Cruz es potencialmente más peligroso y dañino que Donald Trump. Cierto, el triunfo del magnate significaría el empoderamiento del capitalismo más burdo y chatarrero, la coronación de un modelo de negocios que exalta la insensibilidad, la crueldad y el despotismo, pero una victoria de Cruz significaría entronizar a la mojigatería evangélica más retrógrada y fanática, una letal combinación de teocracia capitalista en donde la Biblia y el dólar estarían descaradamente por encima de cualquier ley. Un golpe mortal a toda noción de tolerancia y laicismo. 

Fuera de las teocracias musulmanas regidas por la ley coránica, ningún país del mundo occidental tiene una política tan descaradamente mojigata como la de los Estados Unidos. Mientras Europa parece avanzar favorablemente hacia una muy digna descristianización, el país que lleva las riendas de la economía mundial sigue regido por una moral no muy distinta de la de los puritanos jueces que llevaron al cadalso a las brujas de Salem.

Expresiones que en cualquier país laico serían vistas como retrógradas son naturales en los Estados Unidos cuyo origen está encarnado a una visión bíblica del mundo. Las trece colonias fundacionales fueron pobladas en su mayoría por perseguidos religiosos de la Europa de la Contrarreforma. Cuáqueros, metodistas, anglicanos, presbiterianos y anabaptistas forjaron los cimientos de la embrionaria nación.

La moderna política estadounidense es extraña, pues si bien se rige bajo criterios racionalistas  y científicos y ha dado importantes pasos en materia de derechos civiles, lo cierto es que le sigue dando cabida y juego a poderosos sectores con una visión retrógrada del Universo.

Movimientos como los cristianos renacidos o los radicales creacionistas empiezan a tomar un nuevo vigor en el Siglo XXI y Ted Cruz, encarnación del evangelismo más extremo e intolerante, implica coronar a la facción teocrática y mojigata del Republicano, un peligroso gobierno pentecostal en la Casa Blanca.

El sector representado por  Cruz es aquel que abiertamente perora que el Sida es un castigo divino contra los «degenerados homosexuales», y exige la desaparición de la educación laica, por no hablar de sus radicales posiciones antiinmigrantes. Si Trump o Cruz son el único futuro posible, sólo resta un pésame por el pobre Estados Unidos y por el pobre planeta.

danibasave@hotmail.com

El autor es periodista y ganador del premio Estatal de Literatura, categoría Ensayo

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