‘La Pepa’ cumple dos siglos

Por Daniel Salinas Basave

danibasave@hotmail.com

Estamos en el año 1812. Toda la península ibérica está dominada por tropas napoleónicas. ¿Toda? No. Un puerto mediterráneo poblado por irreductibles liberales, resiste ahora y siempre al invasor. Ese puerto se llama Cádiz y la diferencia con la aldea gala de Astérix, es que los gaditanos no tuvieron una poción mágica que los hiciera invencibles. Las claves de su resistencia tienen que ver con las condiciones topográficas del puerto y la ayuda que la flota inglesa prestó en contra de los franceses. Pero más allá de las cuestiones bélicas, la razón por la que 200 años después recordamos a los gaditanos, es por la Constitución que promulgaron el 19 de marzo de 1812, el Día de San José. En el momento en que escribo estas palabras “la Pepa” celebra dos siglos.

Tras centurias de oscurantismo absolutista, los españoles optaban por vez primera por una vía liberal. El vacío de poder generado a raíz de la abdicación del monarca Carlos IV y la prisión de su heredero Fernando VII, llevó a la resistencia española a convocar a Cortes, asambleas donde estaban representados el clero, la nobleza y los ciudadanos libres. Con su territorio invadido por los franceses, el puerto de Cádiz se convirtió en el último reducto y en centro neurálgico del liberalismo español. Las crónicas coinciden en que en el Cádiz de 1812 se respiraba una efervescencia sin punto de comparación en la historia española, con decenas de gacetillas libertarias circulando por cafés en donde se debatía sin límites ni censura. La trascendencia de la ley promulgada en Cádiz radica no solamente en el hecho de que por vez primera los españoles dejaron de ser súbditos para convertirse en ciudadanos, sino en la decisiva influencia que la Carta Magna gaditana tendría en el nacimiento de las repúblicas iberoamericanas.

La de Cádiz es la semilla constitucional del México independiente, el documento que inspiró la Constitución insurgente de Apatzingán. De hecho la constitución michoacana es casi una copia de la de Cádiz. En el constituyente gaditano de 1812 hubo diputados mexicanos representando a la Nueva España como parte integral del Imperio. Tal vez el más célebre sea el coahuilense Miguel Ramos Arizpe, padre del federalismo mexicano, José María Couto y José Ignacio García Illueca entre otros.

La Constitución de Cádiz sería flor libertaria de una primavera, pues el mojigato Fernando VII restauró el absolutismo apenas retornó al poder en 1814 traicionando y defraudando al constituyente gaditano. España volvería a sumergirse en el despotismo ignorante mientras los embriones republicanos iberoamericanos se desangraban en guerras civiles. Lo cierto es que pese a lo efímero del experimento liberal español, la Carta Magna de Cádiz es la piedra fundacional de la España democrática del Siglo XXI, que con todo y su desempleo devastador y la severa crisis que enfrenta, es hoy una nación donde la libertad se vive a plenitud. Cádiz es también la semilla de la tradición constitucional mexicana, si bien a menudo nuestras leyes supremas son piezas de la mejor literatura fantástica.

*El autor es periodista y ganador del premio Estatal de Literatura categoría Ensayo.