La peor pesadilla para los soñadores

Por David Saúl Guakil

Parece, que en principio, el señor Donald Trump se salió con la suya con respecto a DACA. En respuesta al ex presidente Obama y para satisfacer a sus adeptos cumpliendo sus promesas de campañas, sean éstas buenas, regulares o malas dejó a los dreamers sumidos en la tristeza, en principio por ser un grupo que involuntariamente cayeron en la “ilegalidad” de un país que prácticamente los vio nacer y criarse bajo su idioma que dominan como cualquier ciudadano norteamericano bien educado.

Hoy, muchos de ellos están empleados en compañías de la talla de Apple o Facebook que aportan billones de dólares al Estado y por lo tanto, esta gente joven, talentosa y trabajadora pagan -mediante sus impuestos-, parte de ese dinero al erario público. Suman más de 250 mil los que laboran incansablemente para ayudar a sus familias, la mayoría de ellos inmigrantes que por más esfuerzos que hicieron, nunca lograron permisos para trabajar legalmente en los Estados Unidos, pero que también ellos pagan impuestos a partir de los trabajos realizados para compañías que supieron aprovechar –en su favor-, con sueldos por debajo del estándar, sin importarles la situación inestable de éstos.

El problema no es menor si consideramos -por lo visto y oído- que estos jóvenes se sentirían extraños en sus países de origen por haber vivido su niñez y crecido bajo otras normas, idioma y costumbres. Es de extrema crueldad pensar en una repatriación inmediata sin consecuencias de tipo afectivo para estos soñadores, que lo único que hicieron en el país vecino, fue prepararse, estudiar y rendir examen con la vida de ese país, de sus costumbres, demostrando ser ciudadanos honorables como el que más, ganándose un lugar para vivir en buena ley, ayudando a sus laboriosas y necesitadas familias.

Son 800 mil muchachos cuyas vidas están en juego, jóvenes que cuentan con una ventaja diferencial con respecto a los norteamericanos de su misma edad porque la mayoría son bilingües y serían estupendos nexos para el comercio del país vecino con toda Latinoamérica, conocen el esfuerzo, la entrega y están preparados para el terreno de la competencia. Sin embargo, la miopía egoísta de la política y los intereses de corte electoral, no los deja ver más allá de sus narices y toman una iniciativa tan cruel como contraproducente, según declaraciones recientes del ex presidente Barack Obama, que en el 2012 decidió proteger de la deportación y ofrecer un permiso de trabajo a los dreamers. 

Ahora todo queda en manos del Congreso quien decidirá el destino de este grupo -o los reconocen como inmigrantes o rechaza su estancia en ese país-, que llegó en su mayoría de México, el 79%, de los cuales casi un tercio vive en el vecino Estado de California. 

Por lo pronto y mientras se decide este “tóxico asunto” para la Casa Blanca, son 16 los Estados de la Unión Americana que están decididamente en contra de esta medida y lucharán, desde la ley, para impedir que se haga efectiva esta expulsión de gente honesta y sin culpa alguna de la difícil situación que tratan de involucrarlos.