La papa caliente

Por Maru Lozano

¿Te suena familiar la frase: “Pregúntale a tu papá”? Si llega nuestro hijo adolescente con el asunto de pedir permiso para salir, ¿qué sucede? Lo más seguro es que le aventemos la bolita al papá, o quizá el señor de la casa nos aviente la bolita a nosotras diciendo: ¿y qué dice tu mamá? Bueno, pues ¿quién manda aquí? A ver, si se trata de prestar el carro, lo más seguro es que la mamá sea la que pueda solucionar con una respuesta un poco larga: “Bueno, pero no te gastes mucha gasolina, ¿a dónde vas a ir? Pero llevas a tu hermana a su clase, me recoges a mí y además vas por la leche…”.

Si se trata de dinero, la mamá puede solucionar esto si la cantidad no es exagerada porque de lo contrario al chico se le invitará a pasar con el papá. Echarle la bolita a papá o a mamá es cómodo cuando ambos viven juntos, pero, ¿qué tal cuando no es así? ¿Desde cuándo jugamos a la papa caliente? Porque cuando los hijos son bebés no decimos: “Mi amor, ¿le doy el biberón? ¿Llevaré al nene al pediatra?”, ¡para nada! En esos casos actuamos con total decisión.

Cuando el niño tiene de cinco a diez años, no le preguntamos a la pareja si es conveniente ir a la piñata del amiguito, simplemente ¡compramos el regalo y vamos! Y si invitan a dormir a nuestro hijo a algún lugar, nosotras sabemos muy bien hacerle caso a nuestra intuición como para decidir si esto es conveniente o no. Creo que en esos casos el papá es quien echa la bolita a la mamá. Así que creo que cuando nuestros hijos tocan esa edad impredecible que es la adolescencia es cuando los papás titubeamos en esto de ceder las riendas.

Quizá mamá tema decidir ya que, si pasa algo, entonces no nos la vamos a acabar con los comentarios del papá o viceversa. El miedo que se siente cuando nuestros hijos quieren volar es inevitable, lo sentiremos siempre, los muchachos nos tendrán preocupados hasta no verlos en casa nuevamente sanos y salvos. Además del permiso que nos ocupa y el dilema que nos aventamos con la pareja es posible que también tengamos que resolver la culpa que sentiremos cuando les reflejamos a los muchachos su estilo personal de vestirse, de peinarse o de ser. Cuando todo mundo nos dice que la comunicación es importantísima, es clave efectiva jerarquizar y dosificar nuestros comentarios porque por esta razón es que los jóvenes prefieren enmudecer; es decir, llegar de la escuela, comer y encerrarse en su cuarto con su música, su teléfono y evitar hablar más de lo necesario. Quizá sirva decir: “Permiso sí lo tienes”, o “espérame y luego te resuelvo porque lo veré con tu papá”. Y simplemente: “De acuerdo, vas. Pero los límites en tu vestir, peinar, llegar, etc. son éstos…”. Sin preguntar y con decisión. No cabe duda que ser padres es una experiencia única porque se sienten las cuatro estaciones en un solo día, Sin embargo, es con límites claros, la manera de responder más audaz y más auténtica para decirle ¡te amo!