La omisión y sus conjugaciones

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Omitimos, omitimos porque olvidamos, porque decidimos olvidar, porque a veces las palabras son sólo eso, palabras. No todas las palabras tienen el mismo origen, la misma madre, muchas son hechizas, son falsas, la imitación de la resonancia, la apariencia de un significado y esas, esas son las letales. Hablamos como herramienta de comunicación pero no siempre nos comunicamos, tantas veces no expresamos lo que desborda del corazón y del pensamiento. Nos enseñaron a ser prudentes y en ese filtro a veces se queda colada la verdad, la realidad, el sentimiento, el sentido de hablar.

Omitimos porque a veces la mentira de una acción sabe a la palabra “verdad”, porque en ese cajón donde nada es dicho y todo se traga, guardamos el secreto, el sentimiento envuelto en un pañuelo con las iniciales finamente bordadas. Tanto se pierde en ese abismo entre la palabra gestada y sin nacimiento. Enmudece el alma de aquel que ha perdido el sentido, aquel que anda a la deriva, pisando decisiones ajenas, sin sueños propios, con voluntad flácida, con la idea de una vida propia enterrada, con flores y lápida.

Omitimos para que el otro sea cuando nosotros no debemos ser, como dos cuerpos que no pueden ocupar el mismo espacio, así algunas palabras. Y uno sólo observa y se vuelve espectador del paraíso ajeno, la obra en cinco tiempos de los conceptos logrados por el otro y uno debe pararse para aplaudirles. Es posible el silencio con causa cuando no hay batalla interna y ahí no omites, ahí liberas la gran nada creadora del todo. El mismo silencio que arrulla a las aves por las noches con su canto.

Omitimos y ahí se traga el veneno que invade los órganos, brota en una enfermedad furiosa, como un sobre bomba, como un mensaje codificado que ha perdido su clave. Hay que tener cuidado con eso que alojamos, porque aunque olvidemos el significado el cuerpo no olvida el maltrato. Hay palabras que se repiten dentro sin que nadie las escuche, como el loco, como el incomprendido y ahí vemos como desquita su frustración en el cuerpo. Todo fuera en esos casos, liberar demonios con sus nombres, dolores con su sentimiento correspondiente y gritos si se vuelve necesario.

Omitir: “Dejar de decir o consignar una cosa voluntaria o involuntariamente”.