La muerte de Anne Faber

Por Dianeth Pérez Arreola

Anne Faber era una chica de 25 años que desapareció misteriosamente durante un paseo en bicicleta. Su novio dio la voz de alarma en las redes sociales ese mismo día.

Los días siguientes cientos de voluntarios buscaron a Anne en la ruta que siguió. Lo último que se supo de ella fue una selfie que se tomó cuando empezó a llover y ya iba de regreso a casa. 

Un día apareció una pieza de ropa, luego su bolsa, otro día su bicicleta. La policía bombeó el agua de un pequeño lago para ver si aparecía su cuerpo, y cada día que pasaba, se fortalecía la hipótesis de un final trágico.

Tras casi dos semanas, las autoridades dieron a conocer la detención de un hombre de 27 años en relación con la desaparición de Anne. Al día siguiente le dijo a la policía dónde buscar el cuerpo de la chica.

El caso causó gran impacto en la sociedad holandesa, y con razón. El hombre detenido estaba en un centro psiquiátrico, pero podía entrar y salir a su antojo. Estaba a punto de “salir” por cumplir dos tercios de su condena.

El presunto responsable de la muerte de Anne fue condenado en 2011 a 16 años de prisión por haber violado a dos menores de edad, y en el juicio no solo no se dijo arrepentido, se dijo orgulloso de los hechos y que el abuso había sido “un sueño hecho realidad”.

A pesar de que el juez dijo que sin duda estaba trastornado, y que “la sociedad tenía que ser protegida el mayor tiempo posible contra Michael P.”, el hombre logró escaparse del tratamiento psicológico porque se negó a colaborar en un estudio de su psique.

Muchos acusados prefieren una pena larga de cárcel con tal de no pasar el tratamiento psicológico, pues la pena de cárcel tiene un fecha de terminación, y el tratamiento puede que nunca termine si los psicólogos y psiquiatras no consideran que la persona tratada está lista para reintegrarse a la sociedad.

Esto fue lo que pasó con Michael P. por la muerte de Anne. Prefirió una pena de cárcel larga y se “escapó” del tratamiento. Ahora todos se preguntan por qué permitió el sistema de justicia que esto sucediera, por qué en el centro donde se encontraba, los internos podían entrar y salir a su antojo, y qué puede hacerse para que algo así nunca vuelva a ocurrir.

Los delitos de este hombre de 27 años son bastante graves como para haber permitido que se moviera libremente afuera de la clínica donde se encontraba. Circula por las redes sociales un video sobre el cierre de las cárceles holandesas, y no tiene nada de positivo. 

Las cárceles no cierran por falta de reos, cierran porque el sistema de justicia holandés tiene unas condenas que rayan en lo ridículo y que no aportan nada al sentimiento de justicia para los familiares de las víctimas. Ojalá que el caso de Anne Faber sea un parteaguas en el sistema de justicia de este país.