La Moral Tuerta

 

Por Manuel Rodríguez

 

 

Iniciamos el 2016, con una purga política, desintoxicados de las guerras de declaraciones por la sucesión que se avecina. Los actos anticipados de campaña de los aspirantes a las alcaldías, durante estos últimos meses han revelado la frivolidad moral y política, no menos escandalosa que la de los actuales gobernantes.

No niego las excepciones, pero ante este puñado de adelantados no deja de sorprenderme que los únicos ciegos y sordos, sigan siendo los consejeros del INE. Buena parte de la culpa la tenemos la sociedad porque nos hemos conformado con reducir la democracia con el día de las elecciones. En realidad, aplicando este esquema, lo que estamos haciendo en Baja California es sepultar las esperanzas de los pocos buenos ciudadanos. Una muerte lenta, producto de la ignorancia y el desinterés. Podemos pasarnos la vida acusándonos unos a otros sobre la responsabilidad del abstencionismo, pero en realidad la compartimos todos.

 

No cabe duda, que son los adinerados, los que más se beneficien de ésta situación, pues hoy por hoy la política bajacaliforniana se define en términos de intercambio comercial. Por ello, hay algunos que hasta se jactan de pagar precampañas de su bolsillo con tal de que el ciudadano semi-informado legitime sus aspiraciones. Las castas privilegiadas nativas y sus ejércitos de opereta, suelen padecer ceguera, en el mejor de los casos sus lujos y excesos se convierten en lagañas que les impiden ver la realidad, y sueñan con asaltar sistemáticamente las arcas públicas, aunque sea para robar poquito.

 

La falta de escrúpulos de políticos y partidos ha convertido cada elección en un botín o acto de pillaje que nos tiene a los ciudadanos sumidos en la confusión y el subdesarrollo. Para empezar, la moral que practican los partidos políticos los ha mezclado y revuelto a tal punto que nos tiene a todos como “la chinita del bosque”: totalmente perdidos.

 

Las siglas PRI, PAN o PRD ya no significan casi nada, y las ideologías partidistas hoy sirven más para ocultar la realidad que para descubrirla. O como el caso de Morena, que el furor unilateral estalla cuando el abuso lo comete el PRI o el PAN, pero desaparece y se convierte en tolerancia benevolente cuando las mismas tropelías las comete López Obrador. El resultado de convertir las mentiras en verdad, es que hoy en Baja California, reina la desconfianza política y la pobreza electoral.

 

Es un verdadero desvarío seguir votando por una u otra opción. Pero entonces ¿qué nos queda por hacer? Llegó el momento que organizaciones cívicas, estudiantiles, empresariales, culturales, partidos políticos y movimientos independientes se unan con la sociedad para exigir una democracia real ya. No nos merecemos bandas gansteriles disfrazadas de partidos políticos, que por consigna parlamentaria liberan de pagar a exalcaldes por delitos que se les imputan, sacramentando el contubernio en éstas cofradías de la impunidad en que se han convertido los partidos políticos en BC.

 

No me extrañaría que en el 2016, el índice de abstención ronde el 80%. Qué vergüenza! Es mi deseo para 2016, que entre todos hagamos algo por rescatar nuestra frágil democracia de los tentáculos de la codicia y la ambición personal de algunos cuantos.