La mejor puerta

Por Maru Lozano Carbonell

Sin duda la mejor puerta por la cual entrar al alma de una persona es “la empatía”, es decir, si no imaginas la experiencia subjetiva por la que está pasando alguien, difícil serán tus relaciones humanas.

Es fascinante poderte acercar y ver el mundo de la forma que el otro lo percibe. Sumergirte en esa capacidad de coparticipar es increíble porque en realidad, somos unidad.

Quien empezó a introducir este término hace más de cien años, fue el gran psicólogo inglés Edward B. Titchener, Este término es de origen griego; es la suma de epathón (sentir) y εv (dentro). Estamos hablando de generar entonces “un sentimiento”.

No nada más es ver la estampita del otro, pero todo el componente emocional y lo que para él o ella signifique lo que está viviendo. Un ingrediente importante: “Como si…”. Sin perdernos. No es ponernos en los zapatos del otro sino ponernos en un zapato mientras el otro pie sigue conmigo, de otro modo, te fundes y no se podría colaborar.

Una enfermera que atiende al paciente, si no permanece en su papel, de plano se iría y perdería asertividad, pero sí tiene que sentir como si fuera él, o como si este paciente fuese un ser querido para poder equilibrar.

No se trataría de sentir siempre esa parte empática el cien por ciento del tiempo, pero una manera de practicarla para fluir sería: “Dime qué pasó”, le repites con tus propias palabras lo que escuchaste y tratas de reflejar el sentimiento que percibes. Permite que corrobore. Escuchas lo que para él o ella es su sentir y le repites en tus propias palabras lo que te dijo.

Enseguida trata de irte al antónimo del sentimiento que te compartió. Es decir, si te dijo que sintió mucho coraje, muéstrale el lado que sí sirve de la palabra coraje, por ejemplo se le puede decir: “Admirable tu valentía, ¡qué brío!”  Y llévalo a la posibilidad de enfocarse en el otro polo de “coraje” como: “tranquilo, sosegado” y juntos partiendo de este opuesto más positivo, tratar de relajarlo y animarlo a buscar cómo podría sentirse así. Refléjale los recursos humanos y materiales con los que podría contar para ir contemplando tal logro.

A través de una franca y activa empatía, se puede colaborar, se puede ayudar a sentir al que está en conflicto ser ¡escuchado y atendido!

No tiene que actuar ¡ya! La empatía es más presencia que destreza y eso lo tiene que sentir el otro, ¡nuestra resonancia incondicional!  Cree en él o ella porque, así como siente, así lo está viviendo. Así como percibe, simplemente así lo ve. No podemos comparar, pero si te tocó coincidir, quiere decir que te corresponde reflejar empáticamente con la esperanza activa de que haya crecimiento.

Justo esta puerta es la que todos debemos tocar hoy día. Tiempos duros que nos obligan a salir adelante, cargamos mochilas pesadísimas. Por favor, si eres jefe, autoridad, servidor público, director, cabeza de familia, maestro… adquiere una actitud empática antes de emitir esa orden, esa instrucción, ese ajuste, esa noticia. Un simple acercamiento mostrando gratitud, reconocimiento e interés por tu gente, ¡podría hacerle el día! Tu empresa lograría sin duda una mejora en el trabajo en equipo, en la producción y en la atención. ¿Ya has tocado esa puerta?