La magnitud de lo breve y finito

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Hay un limbo terrenal, un pedazo de Gloria que todos hemos sentido en nuestro corazón, por lo menos una vez, alguna vez, aún en la brevedad y todos lo recordamos, reconocemos lo que es estar en ese estado de «plena felicidad»; un danzar entre nuestros brazos, el aroma del otro sobre uno, impregnados de novedad, de ilusión, de lo real permaneciendo incrédulo, de todo lo esencial para vivir en una sola palabra «amor».

Ese periodo tan pequeño, como un suspiro, como un conteo  del «uno, dos,  tres»,  como el espacio de una línea y otra en mi cuaderno de raya. Así es de breve ese periodo, ese tiempo donde conoces, no mejor dicho donde por primera vez  observas, escuchas, exploras al ser deseado, no hablo del conocerlo del todo (aunque así lo sientas), hablo de la primea fase donde todo es de otro color, donde todo se acelera, donde dos es demasiados, donde cada frase y verbo termina en el otro.

Ese periodo donde nace la poesía, la falta de gravedad, donde te hundes en la esencia de lo desconocido para irte reconociendo romántica-mente, adorable-mente, intoxicada-mente; el regalo que abrimos sin romper la envoltura, para después devorarlo todo y embriagarnos en ello. Cerramos los ojos mientras amamos con el miedo de despertar, despertar a lo que no nos ha tocado, despertar a reconocer al otro como imperfecto, incorrecto, ¡real,! despertar de la ilusión con una resaca que es el «no olvidar».

Saber y ver en el muelle de tus sentimientos como se va formando a la distancia esa ola oscura y gigante que sabes que no hay forma o manera de evitar, llegara a romper la burbuja, llegara al amanecer, a borrar, a devastar, a terminar, a romper y quizá lo peor de todo es que uno ya sabe los procedimientos  para volver a comenzar, para «reemplazar», para seguir.

Hoy quiero durar un poquito más en esta belleza, en esta poesía, en esta inspiración, aquí en esta «ilusión» y mi punta de montaña, escribirte un libro, escribírmelo a mí; no quiero cambiarme de ropa, no quiero darle vuelta a esta página, no quiero amanecer, hoy estoy descubriendo vida en mi planeta.

Aquí y en este instante tan real y alucinógeno, te amo, lo digo, lo sé y lo siento. Me rehusó al nacimiento de esos signos de interrogación que cercan, delimitan, infectan, nos separan.

Hoy quiero aprisionarte, presionarte a mí, dormir contigo y con la ilusión de ti, la ilusión de lo eterno; tener de biblia a los poemas, de cuna tu sonrisa, de extensión tus manos, incubarnos en este momento para seguir vivos. Solo este momento, esta ilusión que merezco y me inspira, un «tú y yo», un cliché, sabiendo que mañana  indudablemente y certeramente amanecerá y no seremos los mismos de ahora.