La machocracia académica

Por Manuel Rodríguez

«Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta: al menos no le quitarás ese derecho. Dime, ¿quién te ha dado el soberano poder de oprimir a mi sexo?»:  Olimpia de Gouges

Alguna vez se han preguntado: ¿por qué no hay mujeres rectoras en ninguna de nuestra instituciones académicas en Baja California? pues a pesar de que a lo largo de la historia las mujeres han sido objeto de enormes desigualdades sociales, muchas han desempeñado un papel fundamental en la aportación al conocimiento. Este conocimiento ha sido amplio, sí tomamos en cuenta que en Baja California, cada vez más mujeres participan en las ciencias, gracias a importantes centros académicos que contribuyen al desarrollo intelectual y tecnológico, como lo es el CICESE en Ensenada,  el COLEF y el CITEDI en Tijuana, entre otros.

Es importante también mencionar que en el ámbito internacional, se están realizando importantes esfuerzos con el fin de lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas, y además para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en la academia. Por ello,  la Asamblea General de las Naciones Unidas decide proclamar el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. En Baja California, aún son pocas mujeres las que están a la cabeza de las instituciones científicas o académicas, aunque destacadas en el campo de la investigación y el desarrollo, en la academia se sigue relegando a las mujeres de importantes oportunidades para su desarrollo profesional. Las mujeres en la academia deben de vencer un “techo de cristal” que impide a muchas ascender en la escala profesional pues desde la perspectiva de género en Baja California, sólo el 34% de los miembros del Sistema Nacional de Investigadores son mujeres. Me viene a la mente, un caso muy significativo, y me refiero a la Dra. Vanesa Magar del Departamento de Oceanografía Física del CICESE, Ensenada, cuyas contribuciones académicas han motivado a más mujeres a sumarse a áreas que miden en lo local los efectos del Cambio Climático y los impactos económicos negativos derivado de las cuestiones medioambientales.

Otra mujer sumamente valiosa para la investigación científica nacional en el campo de la Educación, es la Dra. Rosario Mariñez, cuyas contribuciones han sido un parteaguas para el entendimiento de nuestra maltrecha política educativa en México. También, debo reconocer el impulso y contribución que una mujer tijuanense ha realizado al respecto, y me refiero a Rosario Ruiz  directora del Museo del Trompo, por la apertura de este centro, al intentar introducir la ciencia en la niñez. 

Cada una con su estilo, sus contribuciones han sido fundamentales en el despertar de las nuevas generaciones. Es de vital importancia que en Baja California se asegure que las políticas en ciencia y tecnología se consoliden como política de Estado con perspectiva de género, con la articulación de políticas educativas en todos los niveles que permitan a las mujeres igualdad de acceso a los cargos académicos relevantes. Está comprobado que el intelecto femenino ha venido a revolucionar la calidad de las investigaciones académicas y nos está permitiendo llegar a campos casi inexplorados de la ciencia, la innovación y la tecnología.