La hora de los “GEFES”

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

Desde que lo seres humanos se han organizado para el logro de un objetivo, lo más común ha sido la asignación de quien dirija los esfuerzos del grupo. Esta asignación puede venir de los mismos integrantes, de alguien con mayor jerarquía o por medio de una autodeterminación. El título de quien toma tal responsabilidad ha ido cambiando o evolucionando a través de los tiempos. Se le ha llamado desde capataz, encargado, mayoral, jefe, supervisor, hasta otros títulos más sofisticados como líder, tutor, coach, mentor entre otros. Lo cierto es que al final de cuentas la función se resume a asegurarse que suceda lo necesario para que se logren con los recursos asignados los objetivos trazados. El estilo es lo que puede variar en un momento dado.

Es innegable que en estos tiempos la función del jefe sigue siendo entendida como aquel que exige resultados, aun cuando no comprenda a ciencia cierta en qué consiste el trabajo del equipo a su cargo, generando este esquema un ambiente de frustración que repercute indudablemente en el desempeño de una empresa.

En años recientes se ha comprobado que la productividad en una organización está directamente relacionada con la satisfacción laboral de sus colaboradores. Y esto tiene que ver en gran medida con cómo se siente un empleado en términos de reconocimiento y el tipo de relación e interacción que mantiene con su jefe. De ahí que las empresas empiecen a buscar un perfil en sus líderes en el que estos sean más “GeFes” o gestores de felicidad, que simplemente vigilantes de que las cosas se hagan bien y a la primera.

La figura de gestor de felicidad inicia en Estados Unidos en Silicon Valley a principios de este siglo con el surgimiento de un nuevo tipo de emprendimiento en empresas de tecnología y se le empezó a llamar Chief Happiness Officer.  Con la expansión global de estas empresas, el concepto fue dispersándose también a aquellos países en los que tenían representación u operaciones. En Latinoamérica los países que van llevando la delantera en esta función son Colombia, Argentina, Chile y México. Aunque es válido reconocer que aún queda mucho camino por andar en este tema.

Los denominados “GeFes” son o serán aquellos capaces de construir relaciones de trabajo con sus colaboradores basados en una empatía tal que les permitan entender las necesidades de su equipo desde la perspectiva de este mismo. Dentro de su estrategia de desarrollo de talento deberá estar incluida el concepto de reconocimiento a las aportaciones que se hagan. Establecen un dialogo sincero y constructivo. Se enfocan en encontrar la falla en el sistema que permitió el error y no al culpable. Confían en su gente y les permiten involucrarse en la toma de decisiones. Pero, sobre todo son personas que disfrutan de su trabajo y tienen aspiraciones a lograr cosas significativas.

Sin embargo, esta corriente “GeFes” también tiene sus detractores como el especialista Andrés Hatum quien afirma que, si bien es cierto que, todo empleo debe ofrecer las condiciones adecuadas, realmente nadie como empleado necesita que le gestionen su felicidad.

Como en todas las corrientes relacionadas con el capital humano, solo el tiempo y los resultados obtenidos en el largo plazo nos dirán si los “GeFes” llegaron para quedarse o, son sólo otra moda más.