La grandeza de Tijuana (Parte 1)

Por José Galicot

Terrible la inseguridad de Tijuana hace apenas tres años. Los habitantes huían despavoridos. Las noticias en los medios de comunicación eran espantosas: muertos a granel, decapitados, encobijados, y personajes de horror como “el pozolero”.

Restaurantes vacíos y cerrando por falta de clientes. Desanimo, angustia, temor por doquier. Una decadencia por todos los ámbitos de la Ciudad. La desesperanza se enseñoreaba.

Milagrosamente surgieron personajes valientes, inteligentes, heroicos y admirados como Julián Leyzaola, el general Aponte Polito, el procurador Rommel Moreno, el secretario de Seguridad Daniel de la Rosa, una infinidad de buenos policías, de marinos y soldados que en un mando único y coordinado apoyado por el Gobernador del Estado poco a poco lograron lo imposible; controlar la inseguridad, bajar la criminalidad, y hacer la ciudad segura, misma que de una manera agradecida y de forma totalmente espontánea manifestó en una ovación larguísima y de pie en la digna persona del General Alfonso Duarte ante la significativa presencia del Presidente de la República y de todos los que presenciábamos la inauguración del evento de Tijuana Innovadora. Ovación que significaba el preludio a una nueva era.

Paralelamente un grupo de ciudadanos decidimos mostrarle a propios y extraños las fortalezas de la ciudad, con “datos duros verídicos” como el fantástico hecho que esta ciudad exporta diariamente 85 millones de dólares. Que más de 20 millones de televisores se producen anualmente para el mercado americano. Que la calidad de la industria médica en sus dos vertientes; A) La de exportación, es la más poderosa del País y B) El llamado “turismo médico” que por calidad y precio genera una verdadera romería de enfermos que acuden en busca de salud.

Tijuana Innovadora nace en la mente y el deseo de unos pocos amigos enamorados de Tijuana, que en charlas de café comentaban el hecho de que:

“No sabemos lo que las manos y cerebros de ingenieros producen en las industrias de exportación”,”¿por qué no pedirle a los maquiladores que muestren a la población local los procesos y productos que exportan a todo el mundo?”.

Con una gran disciplina y voluntad, en reuniones y trabajos constantes con la suma de voluntarios que se acercaban al proyecto “a echar una manita” y que sumaron miles, gente buena que intuía que subyacían valores en la ciudad que presentaban una realidad muy lejana a la negativa consensuada nacional e internacionalmente.

Poco a poco se fue cons olidando la idea, el sueño que fructificó maravillosamente en octubre de 2010 con una exhibición de pabellones impresionantes que mostraban la excelencia de la poderosa industria que generaba cientos de miles de empleos dignos para los ochenta mil emigrantes que acuden cada año a nuestra ciudad.

Setecientos mil visitantes, sesenta pabellones, seis premios nobeles, más de cien conferencistas de nivel mundial, catorce días de actividad frenética, dejaron una profunda y optimista huella en el ánimo de los ciudadanos que contrastaba dramáticamente con el ambiente pes imis ta y desesperanzado de pocos meses antes.

La ciudad encontró a semejanza de la parábola del “patito feo” que tenía enormes cualidades, que podía estar orgullosa de las treinta escuelas superiores, de la juventud que acudió en parvadas a participar con entusiasmo y conocimiento en las variadas conferencias, que tenía capacidad de organizar un evento de gran nivel, y finalmente se auto descubrió como una ciudad extraordinaria, con futuro y posibilidades de grandeza.

*El autor es empresario local y coordinador general del Movimiento Tijuana Innovadora.

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