La gran zanja 

Por Daniel Salinas Basave

Nunca como ahora había sentido a México tan drástica y profundamente dividido. En una esquina del ring están quienes defienden incondicionalmente y sin cortapisas a la cuarta transformación y en la otra estamos quienes la rechazamos y estamos dispuestos a apoyar cualquier otra alternativa opositora aunque no nos convenza del todo.

Ambos bandos (y me incluyo) formamos parte de un juego mórbido. Es como si el país se hubiera partido en dos mitades irreconciliables en donde no cabe la moderación. O estás de un lado o estás de otro, pero no puedes estar en medio y tratar de razonar inmerso en la sinrazón.

La elección que vivimos el pasado 6 de junio se limitó a dar un sí o un no al proyecto del presidente. Quienes lo defienden cruzaron todas las boletas a favor de las opciones morenistas, aun y cuando muchos de los candidatos locales no les convencían. La consigna era ser fieles a su presidente sin cuestionar la calidad humana o la trayectoria política de los abanderados y dar un voto masivo al partido guinda.

Por desgracia, para quienes estamos del lado opositor el escenario fue aún más difícil, pues con tal de poner un freno al avance morenista, estuvimos dispuestos a votar por opciones políticamente impresentables, rayanas en lo repugnante.

Hoy puedo decir que voté con la nariz tapada, pues ninguna de las alternativas de oposición me convencía y algunas incluso me daban asco. Voté con la única y exclusiva finalidad de ayudar a impedir, en la medida de lo posible, que el presidente y su movimiento adquirieran más poder.

La oposición en Baja California simplemente se suicidó. En el caso del PAN empezó a suicidarse desde que postuló a Kiko Vega en 2013, el peor gobernador de nuestra historia. Los panistas aún siguen pagando por ello mientras que el PRI es un cadáver caminante, un zombi político.

Ahora en 2021, ni tricolores ni azules fueron capaces de construir un verdadero frente común con una candidatura de unidad y tampoco hubo una sola propuesta innovadora. Todo fue un reciclaje de lugares comunes e ideas gastadas.  Ni Lupita Jones ni Jorge Hank lucieron nunca como una verdadera alternativa. Vaya, en el frente a frente, era obvio que Marina del Pilar Ávila lucía como una personalidad mucho más fresca y atrayente para el votante promedio.

Con franqueza no sé qué esperar de las autoridades electas. Quizá lo único destacado es que Baja California tiene por primera vez una gobernadora y es una mujer joven. No conozco personalmente a Marina y no sé qué esperar de ella. Yo no tengo duda de que como candidata fue mucho mejor  que Hank y Lupita y en otro escenario posiblemente yo habría votado por ella, pero ante mí su gran defecto es representar a la cuarta transformación.

Mi voto no fue contra Marina; fue contra el presidente. Mi voto fue contra el desbarrancadero institucional y la regresión hacia los tiempos del tlatoani presidencial, hacia el peor oscurantismo político en donde un caudillo cree estar por encima de las leyes y la división de poderes. Sin embargo, no pierdo de vista que millones de mexicanos piensan lo contrario: que la única salvación posible es envolverse en la bandera del tabasqueño.

Hoy he recordado el volumen 25 de los cuentos de Astérix y Obélix llamado La gran zanja, que narra la historia de un pueblecito galo dividido en dos mitades por una profunda y alargada fosa. Los habitantes de un lado odian a los del otro y la aldea vive sumida en una ridícula confrontación sin final sin que a nadie se le ocurra tender un puente. Hoy veo a México reflejado en esa absurda historia.