¿La fuerza?

Por Maru Lozano Carbonell

Yo pensaría “las fuerzas”. Cuando vemos un ser humano pequeño, éste viene de un varón y una mujer, sin eso no se hubiera podido. Ahora que celebramos el Día del Padre, no es aventarle cierto rol porque hoy por hoy todo está cambiando.

Empezando por las fuerzas económicas que penden de varios hilos, ahora incluso, hasta los abuelos y tíos se involucran para sacar adelante a un niño.

Seguimos por las fuerzas en tareas domésticas que se tendrían que dividir y ajustar de acuerdo al trabajo de todos los del hogar. Antes era labor de la mujer solamente, comprendamos que eso ya ha cambiado.

Por otro lado, cuando hablamos de las fuerzas emocionales, ahí entra lo que cada miembro de la casa dice de cada quién. Es tan importante “hablar con” en lugar de “hablar de”, si deseamos tener una buena convivencia y más aún, hijos sanos, buenos y felices, está en todos dar espacio para que todos brillen.

Es verdad que hay papás tóxicos, sin embargo, cuando se establece una reunión para externar lo que se siente y propuestas para llegar a acuerdos con él, la situación podría mejorar.  

Cuando definitivamente no es posible arreglar algo porque el papá está bajo alguna condición importante que daña de manera considerable, se tendría que recurrir a un experto para llevar la reunión familiar y orientarse de nuevo con él o sin él.

Si entra la fuerza de quien mantiene el hogar y por eso se “ordena” o “limita” o “raciona” desde consumo hasta visitas, hay que sentarse a dialogar, el refrigerador lo abren todos, no nada más quien pagó por él. Una vez que algo está dentro de la casa, se vuelve común en uso, en tiempo de uso y en manera de usarse. Eso es de establecerlo juntos. Que todos los miembros de la casa tomen conciencia del precio, el esfuerzo, quizá los pagos en parcialidades que se hacen, llega a la mente consciente que ayuda a que todos se den cuenta, cuiden y respeten más.

Todo esto es para valorar a papá y por supuesto a todos los que emanan de él. La figura paterna es tan importante, preguntémosle qué le gustaría hacer o recibir de todos los de la casa. Un buen regalo sería ese, cocinarle algo rico, sentarse con él y comenzar a decirle de tres a cinco cosas lindas que se admiran de él ¿no crees?

Si tú eres el varón que de pronto calla y le encantaría recibir ciertas palabras o acciones, exprésate. Igual que papá ponga a todos a la mesa y comunique. Recuerdo tanto cuando mi papá me dijo que se sentía triste y viejo porque alguien en la casa lo trataba como si fuera tonto o como si no escuchara, le pregunté si ya lo había comunicado, dijo que no quería problemas, que solo se estaba desahogando. Llegado cierto momento le dije a esa persona: “¡Ah! Por cierto, aquí mi papá quiere animarse a decirte cómo se siente con algo…”. Lo dijo y puedo decirte que se conmovieron, se abrazaron, no sabía que estaba haciendo sentir mal o inferior a mi papá y las cosas mejoraron en ese sentido. ¡Demos espacio! ¡Hablemos! ¡Amemos!

Felicidades a todos los papás que sortean trabajo, emociones, fuerza, presencia, sacrificio y ¡tantas cosas! Los valoramos mucho.