La fábrica de pobres

Por Manuel Rodríguez

Cuando queremos entender el tipo de crisis de gobernabilidad que enfrentamos producto de la ilegitimidad y la falta de vocación de servicio de nuestros representantes populares, recomiendo en primera instancia recurrir a los diálogos transcritos por los clásicos para entender la naturaleza misma de lo que está en juego en un régimen decadente.  Es normal que en la mayoría de las cátedras de derecho internacional  que imparto, inicie con mis alumnos analizando la historia del surgimiento de Atenas como potencia y las preocupaciones de los filósofos sobre la mejor manera de organización política.

 

El diálogo meliano es un episodio ilustrativo de la lucha entre el abuso y la justicia. La prepotencia en el uso del poder y los valores morales que se han convertido en principios universales del derecho como es el valor de la justicia. Una justicia en la cual nos basamos los débiles para hacer frente a los poderosos.

Este texto fue escrito en el Libro V de la Historia de la Guerra del Peloponeso  por el historiador Tucídides hacia el año 416 a.C. que busca en su narrativa establecer una conexión entre el abuso del poder y la decadencia de un régimen, en este caso, el ateniense. En nuestra Constitución Mexicana los artículos 39, 40 y 41 dictan la forma en la cual los mexicanos decidimos desde nuestra fundación como patria independiente ser constituidos, ahí mismo establecimos que íbamos a funcionar como una democracia que tiene la capacidad soberana y el inalienable derecho de en cualquier momento modificar la forma de organización política.

Es evidente que en México los poderosos se han erigido como una oligarquía que está decidida a beneficiarse a costa del patrimonio nacional, en el entendido en que en México lo único que ha avanzado es la rentabilidad electoral de la desigualdad social.

Ahora desde la sede en Nueva York, en su discurso el Presidente Peña Nieto nos alerta sobre los peligros del populismo, en un tono más tenue al que publicitariamente utilizo su antecesor autoexiliado en Cambridge, pero con la misma contundencia discursiva. Si hay alguna razón por la que el Presidente de México nos advierta de un peligro no tendría que ser sobre otra forma de organización político, sino que el verdadero peligro para México es el saqueo institucional de servicios como el agua, luz, gas y petróleo que se han venido entregando a los antiguos grupos caciquiles de nuestro país.

El verdadero peligro para México, son los tecnócratas que han logrado el mayor nivel de productividad mundial pero en fabricar miseria y pobreza. La única culpa de que López Obrador, el Bronco y nuevos caudillos estén tocando la puerta política es del mismo sistema que Peña Nieto tanto se ha preocupado por reestructurar.

Alguien debe explicarle al Presidente que este país ya no aguanta más, este país que se ha convertido en una fábrica mundial de pobres ante la insensibilidad de una oligarquía incapaz, frívola y arrogante.

El gabinete de Peña Nieto me recuerda a esos embajadores atenienses que pensaban seguir gobernando a los habitantes de la isla de Melos, en base en la centralización de un sistema autoritario embriagado de poder y el hostigamiento tributario. Si queremos transitar de un país de súbditos a uno de ciudadanos tenemos que empezar por exigir se cumplan los preceptos constitucionales citados, antes de que a reformen alguno de ellos y prohíban también la libertad de expresión.