La eterna mudanza

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Siempre trato de cambiar, lo confieso y lo digo, no porque me disguste la persona que soy pero tengo la idea exacta de lo que puedo ser en tantas áreas de mi vida, en tantos aspectos que espero que la vida me alcance antes que la muerte.

Es ingenuo de nuestra parte pensar que conocemos como dicen a la misma persona dos veces, el tiempo nos cambia, la respiración nos cambia, el clima, las personas, la soledad lo hace, una plática lo logra. Y vamos siendo distintos incluso aquellos que se piensan estoicos.

Tal vez eso es un gran proyecto y enfoque, quizá así dejamos de decir que nos sentimos aburridos, enfadados y nos enfocamos en una de las mil áreas que nos conforman, que nos hacen la persona que contesta por su nombre; todas a la par no se podría, sería demasiado y no hay que abrumarnos o enfermarnos por una finalidad de buenos tonos.

Hay que ser a cada segundo eso que nos toque, eso que refuerza, eso que se va eliminando, sentirnos vivos y sentir la vida que no van juntas.

Saben, todos los días sí pienso esto, práctico la diferencia, la paciencia, el silencio y es verdad que esto último me ha salvado de tanto, incluso de mí misma; y sí es cansado, no es sencillo pero lo intento.

No tenemos que rendirle cuenta a nadie y es cierto, pero si estamos en un buen lugar moral y emocional, con uno mismo es suficiente para saber qué esperar.

Tenemos que ser eso, no por deber sino por convicción a la vida, a la muerte, al pensamiento y al intelecto.

Todos andamos y todos lo sabemos, pero unos se escudan en palabras burdas, murallas de complejos, bardas de respeto, todo y tanto con aroma a miedo. Hay que preocuparnos por eso que somos, por lo que percibimos desde adentro, lo que nos llama, lo que nos viste, lo que nos despierta y lo que nos mueve.

Qué cansado ha de ser esos que sólo cuidan la fachada y se desgastan por el control de la percepción ajena. Amate a ti mismo primero y que el mundo siga, que el ruido continúe, que aquel que apuesta por la esencia misma, ya está del otro lado de todo. Simpatizante de la muerte, guerrero de la vida.