La escuela que dejará el virus

Por Maru Lozano Carbonell

Una escuela renovada, más sensible, valorada y sobre todo, resiliente. Pero el espejo-virus es el que de repente está matando las posibilidades de ver una lección positiva.

Existe una maestra hermosa en España que hereda de su familia el amor por la didáctica y la enseñanza que practica sembrando, no nada más con conocimientos sino con alegrías. Sus alumnos siempre están usando pijama y su maestra va de confinamiento en confinamiento siempre presta para brindar la oportunidad educativa.

Ella es Laura Lizancos, quien dice que ha sido “desobedientemente obediente” porque nunca pasó por su mente ni por su corazón fallar a sus estudiantes internados en el hospital.  Laura sostiene que, si bien es duro estar encerrados en casa, pensemos un tanto en aquellos niños que desean llegar a ella, cruzar sanos la puerta donde llevan meses enteros, niños enfermos que anhelan recuperarse en su entorno habitual con los suyos.

Si lo aterrizamos bien, los pacientes crónicos de un hospital tienen sueños que empiezan y alcanzan a llegar en ferviente anhelo, justo a donde muchos de nosotros –los más privilegiados- estamos.

Hasta estos niños llega la maestra Laura que vaya que sabe de situaciones extremas por haberse dedicado a la cooperación internacional y estar en sitios en conflicto como Serbia y Grecia, entre otros. Sabe estar con los expertos en confinamiento, por ello ahora nos dice que prefiere la primavera educativa que la educación en tiempos de alarma:

“Las familias, nuestro alumnado, están extenuados. Y nosotros también. Llevamos semanas de agotamiento psíquico, emocional, mental, social y mediático. Los docentes NO podemos seguir presionando con deberes, tareas, obligaciones rígidas; no podemos trasladar a las familias la responsabilidad de sacar adelante el curso de sus hijos. No podemos abrir más la brecha entre los que tienen medios telemáticos y los que no, entre los que tienen familia que les puede ayudar en casa, y los que no tienen siquiera familia porque su madre es su única ayuda y es reponedora en un área comercial. La familia tiene bastante con luchar contra sus sombras. Entre despidos, enfermos o mayores o dependientes en casa, preocupación por la convivencia y por cuánto se siente que vendrá a nivel social.

“Se necesita serenidad calma y ayudar a los niños y jóvenes a reír, a sentirse protegidos, queridos y cuidados, no fomentar ese nivel de estrés y de angustia por cumplir las tareas escolares añadidas a diario ante la incertidumbre de ‘lo que pueda pasar’. Tenemos que reflexionar desde nuestro ‘faro’ y dejar de presionar y apurar tanto el pedal. Aquí está la educación emocional de verdad. El profesorado nos sentimos también responsables de ello. Fundamentalmente, ahora más que nunca, somos Educadores, ¡constructores sociales! Debemos saber establecer los valores y prioridades vitales y decidir si queremos robots que hagan deberes de la página 14 y se chapen un tema. O que sientan y reflexionen sobre el mundo que les ha tocado vivir, cómo desarrollar su creatividad, sus herramientas para lo que vendrá, cómo expresar y manejar sus emociones. Reflexionemos, docentes, instituciones y pedagogos, juntos. Creo que toca optar por una primavera educativa ¡Vamos!”.

Laura, la docente del Aula Hospital Materno Infantil, no está añadiendo contenidos a la evaluación, ella practica la empatía y sus recursos los extrae de lo que aprende de la fortaleza de sus niños. ¡Digna de emular!