La desgracia del parque

Por Manuel Rodríguez Monárrez

manyrodriguez@live.com.mx

Twitter: @Tijuanagreen

La historia del Museo Ámbar construido sobre la reserva ecológica del Parque Morelos, es la historia de invasión, agravio ecológico y daño al patrimonio ambiental más grande que ha sufrido Tijuana; este hecho se suscitó durante la administración del entonces alcalde, Jorge Ramos Hernández. La asignación de 22,000 metros cuadrados para la construcción del Museo Ámbar carece de toda validez jurídica ya que como se encuentra asentado en el acta de Junta de Gobierno del 26 de Febrero de 2008, el proyecto fue aprobado por tres votos, y el artículo 16 del Acuerdo de Creación del Sistema Municipal de Parques Temáticos de Tijuana (Simpatt) establece que para aprobar cualquier acuerdo se requiere de la mitad más uno de la votación por lo que el mínimo son cuatro votos, por lo tanto la asignación de un predio para un fin distinto a la preservación ecológica de las áreas verdes del Morelos debe ser revocado.

El Director del Simpatt en 2008, Prof. Enrique Acosta promovió abiertamente la asignación del predio parte integral del Parque Morelos a la Dirección Municipal contra las Adicciones mediante oficios enviados al Secretario de Desarrollo Social, a la Dirección de Administración Urbana, a la Dirección de Obras Públicas, y a Oficialía Mayor solicitando la desincorporación del predio, contraviniendo lo establecido como sus facultades, atribuciones y obligaciones como Director del Simpatt establecidas en el Acuerdo de Creación que en su artículo 1o. establece la obligación de preservar y mantener las áreas verdes. Pero el funcionario fue más allá, justificando la obra del Museo Ámbar argumentando que no existía vegetación en la zona afectada, cuestión falsa como quedó evidencia en las documentales gráficas que daban cuenta de la tala de más de 500 árboles que se encontraban sobre la ciclopista.

Por último, el Museo Ámbar costó 100 millones de pesos en su construcción afectando el Plan Maestro del Parque Morelos que se encuentra establecido y aprobado dentro de las políticas de conservación del Instituto Municipal de Planeación (Implan) y que cuenta con la aprobación del H. Cabildo de Tijuana que en 2002, y bajo la administración como Alcalde del Lic. Francisco Vega de Lamadrid, determinó proteger y preservar esa área como reserva ecológica del Parque, por lo que jurídicamente existía el impedimento legal-ambiental para afectarla desde un inicio. Actualmente, el Museo Ámbar se encuentra totalmente inoperante por lo que sería pertinente darle utilidad a través del establecimiento de un centro en donde se impartan talleres de educación ambiental y se enseñe a la ciudadanía a proteger su patrimonio ecológico o en su defecto recuperar el espacio para que sea regenerado como área verde.

*El autor es Internacionalista egresado de la UDLA-Puebla.