La demagogia sale cara

Por Claudia Luna Palencia

Y si, a Andrés Manuel López Obrador, en vez de faltarle tres años para terminar su mandato, él llevase, por ejemplo, 16 años en el poder como Angela Merkel; o 20 años al frente del gobierno como Vladimir Putin o estuviera en su segundo mandato quinquenal como Xi Jinping que ya piensa en la reelección en 2023 o de plano fuese casi lanzado del poder como le pasó a Benjamín Netanyahu, en Israel, que tras 12 años como primer ministro terminó finalmente sin coalición embarrado hasta las narices de escándalos de corrupción.

Saberse ir a tiempo, sin escuchar cantos de sirena, no es siempre fácil menos para quienes padecen el complejo de narciso… si al narcisismo se le combina con esa especie de sentimiento de predestinación mesiánica, entonces, el cocktail es peligrosísimo.

El “yo salvador” de los destinos de una nación nunca acaba bien. A lo largo de estos días, tras el informe (o desinforme), presentado por el presidente López Obrador me ha rondado la idea de cómo estaría México si desde hace unos sexenios atrás se hubiese realizado una reforma en aras de permitir la reelección presidencial.

Hagamos un alto e imaginemos: ¿cómo hubiese sido una Presidencia de 12 o 18 años con Vicente Fox al frente? ¿O con Felipe Calderón? ¿O 12 de la novela entre Enrique Peña Nieto y la Gaviota?

Hagamos otro alto y reflexionemos: si ya hay gente contando que López Obrador va a la mitad de su sexenio y parece que falta una eternidad para que se vaya, ¿cómo sería soportarlo otro y otro sexenio más?

La demagogia sale muy cara y la democracia es un valiosísimo bien al que cuidar de todo intento reformista de imitar sistemas políticos de otros países para intentar extrapolarlos a la idiosincrasia mexicana.

No es la primera vez que, a algún iluminado, se le ha ocurrido la idea de imitar el bipartidismo estadounidense y de una vez, realizar una serie de reformas constitucionales para permitir la reelección del presidente.

Además se piensa bajo el canon de que en México ya es legal que diputados, senadores y presidentes municipales vuelvan a presentarse por otro período más… entonces, ¿por qué no romper con el tabú de la reelección en otros cargos políticos como las gubernaturas o para quien ocupe la Presidencia?

La respuesta debe siempre hacer alusión a la memoria histórica para evitar que nuevamente el país quede en manos de personas no aptas para saberse ir a tiempo. Menos con un pasado lleno de generales y dictadores en el poder.

Menos con un presente en el que la política se ha convertido en una cacería de brujas y se ha descendido a los abismos en el nivel del debate político; a toda costa debe evitarse en México que un referendo o un plebiscito para calificar la gestión del presidente a manos de la vox pópuli termine convertido en un baño de pueblo para creer que es el momento histórico de quedarse más tiempo.

A colación

Quizá lo que debería preocuparnos y ocuparnos ahora, no es que López Obrador vaya a la mitad de su mandato, es qué tipo de candidatos tendrá México para las próximas elecciones presidenciales y cómo hacer, sobre todo para los analistas políticos, que mediante contribuciones didácticas pueda explicársele a la gente lo importante que es, primeramente ir a votar y segundo, saber votar.

La madurez de la democracia mexicana depende mucho no solo de sus instituciones, sino primordialmente, del elector; en él esta esa clave de sol para saber qué tipo de perfil es el que ha estado apostando a caballo ganador en las últimas elecciones.

A veces creemos que los millennials tienen un sólido ideal de lo político pero las últimas elecciones en México nos están demostrando todo lo contrario: estoy convencida que el voto de los millennials ha definido las últimas elecciones y lo hace de forma voluble.

Lo importante es que habrá una nueva oportunidad para votar y que vendrán distintas opciones políticas y que dentro de todo lo malo es lo mejor que puede suceder: porque la peor opción sería tener que aguantar a una persona años y años y años más porque el tiempo del poder no se le acaba.

López Obrador afirma que va a someterse a una revocación de mandato que pondrá en manos de la gente en una nueva consulta popular (tras el fracaso de la anterior) que es demagogia pura. Lo que no ha dicho es si habrá letra chiquita… si sólo preguntará: ¿quiere usted que me vaya a mitad del mandato? O habrá truco con un, ¿quiere usted que me quede otro sexenio?