La cuesta arriba de Enero

Por David Saúl Guakil

Para muchos, ya se nos acabaron las vacaciones y nos espera un nuevo año de labores, proyectos, decisiones…y por qué no, sueños postergados.

Nuestro país transitará en los próximos meses entre dudas y certidumbres, por los cambios políticos que se avecinan como cada sexenio que culmina su gestión el presidente en turno por un lado y los que esperan -y desesperan-, por el otro, pendientes de una oportunidad buscada, a veces frustrada y otras con la fe puesta en ese cambio, que muchos pregonan pero no sabemos a ciencia cierta quién será capaz de cumplir a cabalidad, o quienes tienen esa voluntad, inteligencia, honestidad y destreza profesional para que realmente las cosas cambien, por lo menos aquellas que nos siguen aquejando y doliendo como ciudadanos que amamos este México donde nacimos y vivimos, vimos morir a nuestras padres y educamos a nuestros hijos y ahora a los nietos, que representan la sangre joven y el impulso necesario.

Cuando hablamos de un cambio positivo, lo hacemos pensando en la estabilidad del país, en el desarrollo ordenado que tanto se necesita, en la defensa y crecimiento de las fuentes de trabajo, en el crecimiento del poder adquisitivo de la población, en la seguridad garantizada para todos, pero también pensamos en la justicia social, en aquella que de una buena vez por todas aminore la pobreza, si es posible, hasta desaparecerla y ningún compatriota -nunca más- pase necesidades o hambre. Creo que a todos nos debe avergonzar y lacerar -algunos mucho más que a otros-, que haya tanta gente, que representan más de 50 millones de mexicanos, en condición de pobreza extrema en un territorio generoso y fértil, que además posee más de nueve mil kilómetros de costas marítimas incomparables como el nuestro, que tiene las riquezas más que suficientes para que, por lo menos, no haya inequidad o tanta gente necesitada de lo básico para subsistir.

¿Cómo haremos para explicarles a las generaciones venideras que en México sigue primando la desigualdad, porque mientras la mayoría de sus habitantes se preparan profesionalmente, trabajan con esfuerzo, dedicación y empeño, otros pocos -que representan muchos millones de pesos en malas manos-, se corrompen y enriquecen con el mal ejercicio de la política, echando a perder gran parte de los que otros producimos desde nuestras trincheras de labores diarias?

Esta cuesta de enero -con un dólar sobrevaluado y expectativas sin cumplir-, costará mucho más subirla, pero también nos invitará a reflexionar sobre el futuro inmediato que nos espera, alentará esperanzas en nuestros propios esfuerzos y nos pondrá en claro qué rumbo debemos tomar sin dejar de cumplir con el ‘día a día’ que forma parte de la vida que transitamos y la de nuestras familias. Seguiremos en la lucha permanente que dignifica, pensando en que nos espera siempre algo mejor, a pesar de algunas nubes negras que nunca faltan en el horizonte.

Es mi deseo que este 2018 nos mantenga unidos a todos los que habitamos este bendito suelo, aún en las diferencias que tanto nos enriquecen, porque sería muy triste aceptar como ‘algo ya escrito’ un solo pensamiento, corriente política u orientación definitiva. Siempre el disenso ayuda a escuchar otras opiniones que pueden llegar a cambiar o reforzar y afirmar nuestras convicciones.