La Covid, no arruinó mi cumpleaños

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Cada año con el pretexto de mi cumpleaños me voy de viaje a un lugar nuevo pero no lo hago en el mes de agosto porque es verano y por lo tanto temporada alta, detalle que a mí sí me importa, porque lo que me gastaría en una temporada alta me permite viajar más veces al año en las temporadas bajas. Este año sin duda nos rompió todos los planes incluidos los de las vacaciones.

Yo estoy impresionada de cómo he afrontado la cancelación de todas las reservaciones que tenía, la pérdida de boletos de avión y el dinero que se perdió por las cancelaciones, cualquier otro año sentiría mucha frustración.

Otros años ni la inmunosupresión por el tratamiento de lupus me detenía, ni la India con sus bacterias propias, ni navegar en el contaminado Ganges, considerado el más contaminado del mundo me paraban, pues mi médico de cabecera le apostaba más a mi responsabilidad de tener cuidado y a la felicidad que me provocaban los viajes que a hacerme vivir en una burbuja. El único viaje al que nunca cedió dejarme ir es al África central, pues la obligatoriedad de la vacuna de la fiebre amarilla sí me ponía en verdadero riesgo. Y el Covid, ese sí me paró por completo.

Valente me dejó el turno esta semana y en esta participación quise hacer un homenaje a la vida ratificando que la Covid no arruinó mi cumpleaños, sólo lo hizo diferente y con esta reflexión tomo conciencia de que tenemos que vivir intensamente aun saliendo o aun encerrados. Esa es una decisión personal y todos debemos de respetar las decisiones de los demás.

Sin duda al cumplir años volteó atrás y descubro que a pesar de todo, he tenido una buena vida; pues encuentro que durante todos esos años los seres humanos lloramos muchas veces en silencio, pero disfrutamos de la paz que llega después del desahogo. Tuvimos dolor, pero tomamos conciencia que este nunca dura tanto y el alivio viene después con una sensación indescriptible e invaluable “pain relief”, le llaman algunos.

Vivimos injusticias, pero descubrimos que con nuestra voluntad y acciones podríamos ser instrumentos indirectos para la justicia de otros, porque así opera el universo. Como una gran cadena de favores: con cada acción buena hacia otro y el otro hará la acción hacia un tercero; porque los favores que fluyen hacia enfrente hacen andar el bienestar.

Sufrimos carencias y algunas veces hambre pero siempre alguien nos dio la mano y aprendimos a recibir; pero la mayor enseñanza fue aprende a dar y compartir. Hemos reído tanto, que tiene más peso la felicidad que sentimos toda esa vida; porque la tristeza, esa sí que es efímera.

Hemos tomado conciencia de los dones que tenemos para aplicarlos como debe ser, al servicio del prójimo y hemos amado intensamente de todas las maneras que se puede amar carnalmente y fraternalmente, a pesar de que algunas veces hemos sufrido el desamor, de ese que se siente por unos días y también es efímero pues el amor fraterno nos acompaña para toda la vida y no se explica, sólo se siente; nada lo ofende, ni hiere, es leal pero sobre todo incondicional.

Y al final de la reflexión de cumpleaños todo compensa los momentos malos de toda la vida porque en el recuento, al final la conclusión es que he tenido una buena vida y se hace mejor junto a las personas que amo y se convierten en familia.