La competencia

Por José A. Ciccone

Imbuido en estos menesteres de la comunicación política hace ya más de 30 años en nuestro Estado y sabiendo, los que me conocen, que siempre me gustó opinar desde la objetividad, no pude evitar que mis amigos y colegas me pregunten de manera recurrente y concretamente citando las últimas elecciones, qué le sobró a Morena para ganar y qué le faltó a la competencia para poder hacer un mejor papel y por lo menos -en Baja California- dejar un buen precedente de los partidos y fórmulas o mezclas de los mismos, que patentizaran alguna inquietud latente de que las cosas estuvieron bien hechas.

Desde muy joven, siempre supe que uno debía estar preparado de manera óptima para competir y ganar, que las derrotas había que asumirlas con altura, pero también que el conformismo excesivo no ayuda a la superación, en el caso de la política mucho peor, porque está demostrado que el perder por mucho margen, como fue el caso en este 2021, o hacerlo por poco, de todos modos es perder, que vendría a ser como no avanzar, no haber creado una competencia a la altura de las circunstancias que nos toca vivir en modernidad, donde todo nos indica que la política también se debe renovar para poder seguir viviendo.

Faltó imaginación –o capacidad-, para enfrentar el reto. No olvidemos lo que alguna vez leímos y aprendimos de los maestros, aquello que nos decía que en casos donde se pretende ganar adeptos, para los productos, servicios y la misma política, todo debe comenzar en una estrategia y ésta es únicamente un conjunto de principios abstractos –decisiones- que sólo tienen vida y razón práctica de existir cuando alguien los puede transformar en movimientos concretos en beneficio de alguien, en este caso votos para su partido.

Esos principios que configuran la acción estratégica, son los que deben regular ante cada situación, la acción de cada hombre para alcanzar esas expectativas grupales de éxito.

Después de estas elecciones me tocó oír gente, que a manera de consuelo, esgrimían el triunfo de la competencia en la Ciudad de México y otros tres Estados, esa consolación me lleva a una pregunta ¿de qué me sirve a mi -habitante de esta bendita Baja California-, saber que aunque yo no supe competir aquí, o no hice las cosas bien, o me equivoqué sin reconocerlo, en otros rumbos del país mis colores posiblemente hayan ganado?

Si hay a quienes les molesta el triunfo hegemónico del partido en el poder, muy bien, entonces que se preparen para competir en serio, caminando y conociendo gente en las colonias, platicando sobre sus necesidades, estudiando para saber cómo solucionar realmente sus problemas, proponiendo de manera novedosa, sedimentando marca, no creyendo conocer la verdad de antemano y mucho menos pensar que la vida del ciudadano es monótona y repetida, por lo tanto, reacciona igual que hace treinta años, las cosas cambiaron mucho y el habitante con ella. En esta región más todavía, porque hay gente nueva todos los días que debemos darle a conocer dónde están y quienes somos.

Creo que la lección quedó grabada y les enseñó, espero, que las campañas no se hacen con mensajes contestatarios a nadie, así sea al Presidente de la República o alguno de sus allegados, porque es algo así como olvidarse de quien ejerce el mando  y quien lo pretende. Es mucho mejor, desde la competencia, preparar contenidos profundos, estudiados, analizados con visión objetiva y soluciones posibles, terrenales, palpables y poco virtuales, sin echar culpas ajenas y mucho menos atacar con denodada insistencia en base a memes agraviantes, chismes estériles sin sustento o burlas poco ingeniosas.

El humor me parece apropiado para alivianar la vida, lo practico a diario, pero cuando éste se usa para tratar de lastimar a otro, ganar adeptos o triunfar en las urnas, siempre lo vi como una torpeza, que sirve más al atacado que al atacante, aún en gente famosa, como lo vimos en los meses recientes, articulistas de pluma exitosa, jugándose por la derrota de alguien y amagando con irse del país si llegaba a triunfar el partido gobernante en turno, un magno despropósito. Una vez más se demuestra que nadie tiene el pulso bien tomado en la gente y resultan tragicómicos entonces algunos resultados que ya se descontaban como ganados antes del día 6 de junio y hoy no encuentran explicación a sus derrotas o yerros políticos.