La cita

Por Maru Lozano

¿Qué tal cuando nos llaman de la escuela? ¡Tenemos que trabajar!  Lo primero que pasa es que se nos aprieta el estómago, nos enojamos, angustiamos y queremos medio matar al angelito que, seguramente ha perdido las alas.

 

Es un verdadero dilema porque ciertamente los hijos son lo más importante, solo que nuestros compromisos también.  En fin, se pide permiso, se inventan pretextos y ahí vas a la cita.

Relatan lo que hizo  o no hizo y dicen:  “Señor/señora, necesitamos que nos ayude con él… platiquen en casa… también es distraído y no deja dar la clase…”

Lo primero que uno piensa es: “yo no les llamo, los saco de sus asuntos y les pido que me ayuden porque en casa no asea su cuarto o no se quiere lavar los dientes…” Enoja porque nos están pidiendo que uno actúe en un campo de acción en el que no estamos.  Uno responde de acuerdo a la personalidad que se tiene y bueno: “no se preocupe, yo platico con él”.

¿Qué es lo que nos enoja en realidad? ¿Será que es que no nos permiten trabajar tranquilamente? ¿Será que uestros hijos fallan y eso dá vergüenza? ¿Será que no sabemos en realidad ni qué hacer con nuestros tesoros? ¿Será que la situación no era tan grave y nos molesta que pagamos por un servicio que no se nos otorga eficientemente?

Enojarnos solo refuerza que nuestra exigencia está basada en la idea de que no nos toca hacer y limitar ciertas cosas.  Habría que aceptar que necesitaremos invertir de nuestro tiempo para convertirnos en el pilar más importante de nuestros hijos y no ser uno más de sus enemigos, además de los que ya enfrenta en la escuela.

Lo que se nos está pidiendo es que ayudemos a poner un cerco en donde el hijo se desarrolle en un campo seguro y no se desvíe.  Así que limítale sus gustos de acuerdo al grado de mejoría que demuestre.

Ciertamente es molesto escuchar negativas de nuestros retoños, solo que si nos ponemos en el lugar de la escuela, avisarnos y alertarnos también es su deber.  Que quizá su modo o el momento no son lo más deseado,  definitivamente tenemos que formar parte de ese triángulo educativo en beneficio de nuestros hijos.

Por eso es importante considerar la escuela en la que tienes tu confianza puesta y si es necesario, cambiar por otra que llene tus expectativas.

Es importante que, al inscribir a un hijo, se pregunte del reglamento, leerlo es importante y sobre todo, aclara tus limitaciones de tiempo y horario en caso de juntas, citas, etc.

Imposible separar los ámbitos de la vida de un estudiante y dejar que se las averigüe sintiéndose solo. 

Imagínate que tu hijo está en la punta de ese triángulo y que lo soportan por un lado su casa y por el otro la escuela; esas son como sus piernas para poder caminar equilibrado en la vida. ¿Recurrirías a otra forma geométrica para ubicarlo mejor?