La Casa de Papel I y II

Por El Recomendador

A muy diversos comentarios obliga el arribo de la segunda temporada de la serie “La casa de papel” que en la televisión española creó Álex Pina, produjo Atresmedia en colaboración con Vancouver Media, inicialmente para Antena 3. Está protagonizada por Álvaro Morte, Úrsula Corberó, Pedro Alonso, Alba Flores y Paco Tous, y un numeroso reparto. La primera temporada se estrenó en Burgos en marzo de 2017 y comprada por Netflix se volvió un éxito mundial. Se la considera la mejor serie española jamás filmada. Este mes aparecieron nueve capítulos más, cargados, como en la primera parte, de acción inteligente y creativa y de una estupenda actuación y ambientación que captura de inmediato espectadores que nos volvemos entusiastas, apenas nos asomamos.

La cosa empieza con el atraco a la Fábrica Nacional de La Moneda y Timbre minuciosamente planeada por El Profesor. Los atracadores robarán medio millar de euros. Se uniforman de color naranja y con máscaras de Salvador Dalí. Todo nació de un riguroso plan de seis meses de entrenamiento. Los asaltantes llevan nombres de ciudades para no ser identificados y la acción está repleta de emociones y de sorpresas. ¿Lograrán el botín?

A este Recomendador llama más la atención es la creatividad centrada un relato de aventuras que nunca recurre ni a superpoderes, ni a personajes de folletín propios para adolescentes, ni a zombis, vampiros ni monstruos. Las aventuras relatadas implican ingenio humanista propio de universitarios y de adultos. Se puede afirmar que muchos diálogos y acciones están cargados de elementos poéticos y filosóficos, por más que a veces sí se recurra en algunos detalles a la ideología considerada hoy como la única políticamente correcta. Sin embargo, sobre izquierdismo rebelde de algunos personajes predominan preguntas inteligentes acerca del sentido de la vida, del amor, de la ruta hacia una vida más valiosa, los amores, las relaciones sexuales, las razones por las que valga o no la pena morirse o conformarse con la muerte, etc. De paso, se denuncia la capacidad infinita de mentir de los políticos y de la policía en ejercicio, y hasta si debe preferirse que predomine el patriarcalismo o el matriarcalismo.

Sin que sea éste el sitio apropiado para entrar en detalles de la parte poética, filosófica y política que plantean los diversos protagonistas, deseo resaltar la afirmación de que el derecho más grande que se deriva de nuestra condición humana es el de defender el derecho a seguir con vida, siempre que se tenga algún sentido por el qué vivir. Una de las jóvenes cree hallar su razón de vivir en su hija a la que, si no le es posible recuperar, planea en engendrar a otro hijo, como sea. Otro derecho muy reclamado es al suicidio y a aplicar la eutanasia cuando sólo queda sufrimiento y se ha perdido la razón para vivir. Curiosamente, salvo un personaje, todos aparecen como agnósticos o como indiferentes a Dios, aunque frente a la muerte titubean un poco en eso. En fin, si usted ve esta serie, se verá invitado a inducir a sus amigos a comenzar pláticas inteligentes con usted.