La calle habló

Por Daniel Salinas Basave

La calle habló y el eco de su voz aún resuena. En las redes sociales y en los medios no se comenta otra cosa mientras en nuestros rostros percibo un buen ánimo. Es como si de pronto los bajacalifornianos nos sintiéramos orgullosos de nosotros mismos.

Las fotos del Centro Cívico de Mexicali y la glorieta del Cuauhtémoc saltan a los medios nacionales y de un momento a otro nos damos cuenta que de nosotros y de nadie más depende romper la apatía y poner a los políticos contra las cuerdas. Extraordinario tomar la calle y enseñar el músculo. Es un símbolo, un mensaje lleno de fuerza y un desahogo muy necesario, pero no puede limitarse nada más a eso.

¿Qué sigue? ¿En qué estuario desembocará este incontenible río de furia? La clave está en la constancia y en la dirección, en ir sobre objetivos precisos y no quitar el dedo del renglón. Esto es una carrera de resistencia.

Aquí van cuatro ejemplos pequeñitos de lo que una movilización puede conseguir. El presidente y su gabinete se recortaron un 10% de su sueldo, el gobierno estatal da marcha atrás a la polémica Ley del Agua y además cancela el pago por canje de placas. Para redondear,  la alcaldesa de Rosarito da marcha atrás a la compra de su camioneta de un millón de pesos.

Cierto, salvo por la marcha atrás a la Ley del Agua, que me parece realmente trascendental, los otros temas son bicocas, babitas de perico, huesitos arrojados a un perro bravo para que deje de ladrar, pero es algo que de no haber sido por el rugido de la calle no hubiera ocurrido. Si la calle no grita hoy estaríamos teniendo que pagar placas y la presidenta municipal estaría estrenando su camioneta 2017. Si esto es constante lograremos eliminar otras cargas impositivas y poner fin a otros derroches.

Un objetivo concreto a cortísimo plazo era revocar la Ley del Agua y al parecer ya se consiguió. Ahora es tiempo de  exigir una reducción más significativa en los sueldos de los altos funcionarios de los tres órdenes de gobierno. Un objetivo a mediano plazo deberá ser eliminar de tajo todas las diputaciones plurinominales y acabar con el financiamiento a los partidos políticos.

Es urgente concretar una reforma radical  a la función pública y despolitizarla por completo. Hay que amarrarles las manos a alcaldes, gobernadores y presidentes para que no puedan repartir puestos de trabajo como quien reparte panes y peces.

Hay que pugnar por eliminar todas aquellas dependencias o plazas que no representen un beneficio directo palpable e inmediato para la ciudadanía. Lo mismo con los privilegios. Por ejemplo, los únicos vehículos oficiales que requerimos son las patrullas, los camiones recolectores de basura y los utilizados para labores de limpia u obra pública. Punto. No creo que al gobernador, al alcalde o al presidente no le alcance con su sueldo para comprarse un carrito y ponerle su gasolina. Hay mucho, muchísimo por hacer, pero la mejor noticia dentro del desastre es que la calle habló y no va a callarse.