La caja fuerte de vidrio

Por Dionisio del Valle

Cuando mencionamos la palabra vino casi siempre pensamos en una botella de vino. Damos por hecho, de manera inconsciente, que siempre ha sido así, sin embargo el vino existe mucho antes que apareciera sobre la faz de la tierra el primer recipiente de vidrio para su uso.

Aunque existen vestigios del mismo desde hace unos siete mil años previos a la era cristiana, son los egipcios quienes empiezan a darle un uso práctico a tan importante descubrimiento, cuando desarrollaron la técnica conocida como “pasta de vidrio”. Tjehenet lo llamaban en su lengua, que quiere decir brillante o deslumbrante. La primera fábrica de vidrio  se estableció, por supuesto, en Egipto y de eso hace unos tres mil 500 años. Se dice que fue Tutmosis III, un emperador con nombre de enfermedad terminal, quien harto de tomar vino en garrafas de barro o peor, en panzas de cabra o ubres de vaca, les encargó a los jóvenes que ya no alcanzaron elefante para irse a guerrear con los sirios y los palestinos allá por el 1500 antes de la era cristiana, que se pusieran a hacer algo de provecho, que materia prima había de sobra en el desierto y que si no les salían unas jarritas de vidrio dignas del Faraón, los mandaba a construir unas pirámides del puro coraje, cosa muy temida en aquella época porque no se habían inventado ya no digamos las grúas, ni las carretillas siquiera, bueno, ni el versátil bote de albañil. En fin, que le echaron muchas ganas dando inicio así a la industria del vidrio. De todos modos la fabricación era costosa y lenta, por lo que el pueblo de a pata siguió tomando en garrafas de barro y cueros de bovino. Durante muchos años el vidrio utilizado como recipiente fue de uso exclusivo de los ricos y poderosos. Todavía estaba lejos la producción masiva para guarda y transporte de quienes se dedicaban a hacer vino.

La sustancia básica para producir el vidrio es el ácido silícico. Se encuentra en forma natural como arena de cuarzo. También se puede hacer vidrio con arena pura, pero la temperatura para lograrlo debe ser extremadamente alta. Es en el siglo XVII cuando empieza a extenderse el uso del vidrio para la fabricación de botellas de vino, principalmente en Europa. Hoy en día se producen más de 15 mil millones de botellas de vidrio al año para envasar vino en todo el mundo, sin embargo, y esto es una peculiar ventaja para un mundo cada vez más urgido de proteger nuestro medio, el vidrio es cien por ciento reciclable, lo que se traduce en costos relativamente bajos de producción.

Los tamaños y formas de las botellas para guardar el vino son muy variables, dependen de las tradiciones de los principales países productores y no han cambiado mucho a lo largo de los ya más de tres siglos de uso masivo. Lo que sucede ahora es que se ha venido experimentando con otro tipo de materiales, por ejemplo los envases de plástico, conocidos como tetra-brick o la llamada “manguera de vino” que es una bolsa de plástico que se instala dentro de un recipiente de cartón o yute y que se va encogiendo a medida que el vino se acaba. Tiene además un tapón hermético que ayuda a que el vino se conserve más tiempo.

La presentación tradicional del vino comercial es la de la botella de 750 mililitros. Sin embargo también es común encontrarlas en medias botellas, es decir 375 ml. o de 187 ml. que es la mitad de la mitad. Es curioso, pero pocos son los restaurantes en México que aprovechan esta alternativa. Mucha gente que sale a comer no quiere o no tiene tiempo para terminar con una botella de vino. El vino por copa es una extraordinaria opción, sin embargo las presentaciones mencionadas y ahora también las de 500 ml. deben ser consideradas en atención a las necesidades y gustos de una clientela cada vez más exigente.

Pero no solo hay enanos en este circo, también hay gigantes. Cuando una botella de vino tiene capacidad para 1.5 litros se le llama Magnum. Si es de 3 litros será Jeroboam, nombre del primer rey y fundador de Israel. Si la botella es de 6 litros, se llama Matusalén, patriarca antediluviano. Salmanasar es una botella de 9 litros, en honor al gran rey asirio. La Baltasar contiene 12 litros y nos recuerda al regente de Babilonia y rey mago, como lo cita la tradición cristiana. Y por último, para los que no se andan con cuentos, la Nabucodonosor de 15 litros, en honor del famoso rey de Babilonia y creador, antes que nadie, de la arquitectura del paisaje.

Reflexión

 

 

La nefasta actividad de las bebidas adulteradas ha puesto en el ojo del huracán al vidrio como tradicional recipiente para el vino. Recuperar botellas vacías para jugar con la vida de miles de personas es una empresa perversa que ha obligado a las autoridades a entrar en pánico escénico, lo que no es extraño. Ahora se obliga a hoteleros y restauranteros a destruir botellas para evitar, se supone, su ilegal reutilización. Una vez más el juego de la tímida avestruz con la cabeza en el boquete: castigar a la víctima y no a quienes delinquen. El mundo al revés.