La Cabaña o ¿Por qué el Dolor?

Por El Recomendador

La proximidad del contagio y el dolor por la muerte dan un lugar para la meditación. La película La Cabaña (The Shack), da algunas respuestas válidas y otras discutibles a la importante cuestión del mal que Dios tolera.

Mack Phillips vive trágicamente: su padre fue un borracho violento con él y con su madre y con él cuando fue niño. Recurrió a una solución criminal. Y cuando parecía que lograba una familia encantadora, la tragedia regresó: la pequeña de sus hijas, la más querida por todos, fue raptada y asesinada.

El autor del libro en que se basa la película, William Paul Young, que se autodefine como fundamentalista evangélico, ofrece en la película una personalización muy humana de las tres personas de Dios. Omite, sin embargo, referirse a la justicia divina.

Una misteriosa carta invita a Mack a que regrese a la cabaña del secuestrador de su hija. Mack se encamina a la que fue cabaña del asesino; pero halla junto a ella, otra cabaña con una familia que representa la personificación del Dios uno y trino.

Dios Padre es, primero una mujer generosa y compasiva (la que lo consoló de niño), y luego, un varón mayor con suficiente firmeza para dirigirlo a hallar la verdad sobre sí mismo y a superar sus propias culpas y a acercarse al misterio de ese Dios que no pide permiso para tolerar tragedias ni para perdonar culpas que a nosotros nos parecen imperdonables.

Cristo está representado por un simpático jovenazo que le enseña, como a San Pedro, a caminar sobre la superficie del agua. El Espíritu Santo aparece como una joven mujer sabia, sutil y tierna que le muestra el absurdo que es erigirse en juez de Dios y de las culpas de hombres, a partir de la amargura y el deseo de venganza que padecía.

Rose Pacatte del Sant Anthony Messenger de San Antonio, sostiene cómo la imaginación católica está mejor dispuesta que la protestante para las metáforas, las analogías y el sentido sacramental de las personas y las cosas que nos rodean.

Robert Barron, obispo auxiliar de Los Ángeles, sostiene que esta película presenta a Dios “no como una vaga abstracción, ni solo como a un Dios uno”, sino también como «un Dios trino», tal como es Dios para los cristianos. Dios nunca es “un poder distante” como lo presentan los deístas. Dios nos conoce íntima y personalmente a cada uno.  Podemos hablar con ÉL como con un amigo. Para Barrón la finalidad de toda la vida espiritual es “entrar en amistad con Dios” y empezar a intuir la forma como se resuelve el problema central de la existencia del mal y de sus orígenes a semejanza de cómo el Libro de Job muestra el amor infinito de Dios y lo contrasta con la soberbia humana.  Lo único que lamenta de esta versión es que “Dios suena demasiado como Martín Lutero”, y La Cabaña presenta “una lectura muy protestante” sobre “la ley y la religión” o sobre “la ley y la gracia”. Lutero las opone, los católicos no: «La ley…no es «la enemiga de la gracia», sino «su socia». La «religión estructurada» y «el orden y la ley moral» «no se oponen a la misericordia de Dios, sino que son los elementos estructurales de la vida espiritual». Pero más allá de los puntos discutibles hay una cuestión muy verdadera: Mack, como muchas personas lo hacemos, vamos, en busca de una paz que sólo Dios puede darnos.