La botella y el chivo

Por Manuel Rodríguez Monárrez

Hace un par de semanas, al regidor independiente del nuevo ayuntamiento de Ensenada, los regidores de otras fuerzas políticas lo sacaron de la sesión de reparto de comisiones por insistir en transmitir a través de su teléfono celular lo que sucedía en la reunión para sus seguidores cibernautas. El incidente fue altamente criticado por medios alineados al gobierno. Medios relacionados con la prensa escrita, que no terminan por entender que en las nueva era digital las reglas del juego cambian a diario.

Algunos de mis compañeros se incomodan ante la posibilidad de instalar cámaras las 24 horas que monitoreen las actividades de los integrantes de Cabildo, muchos de ellos acostumbrados a ver las regidurías como cargos hereditarios han hecho de esas posiciones públicas en espacio para el tráfico de influencias y la adjudicación ilegal e ilegítima, ultrajando al pueblo, de licencias de placas, permisos de venta de licor, permisos de vendedores ambulantes, terrenos en remate, edificios públicos, jardineras comunitarias, espacios de servidumbre, banquetas y unidades vehiculares en desperfecto que integraban parte del patrimonio de la ciudad pasaron a las arcas de sus bolsillos, permitiéndoles formar un “patrimonio familiar” dicen ellos.

Todo ello, en contubernio con los Honorables Cabildos que me antecedieron, y que juramentaron administrar el patrimonio de los tijuanenses velando por los intereses del pueblo. ¿Qué acaso son tan insensibles que no se dan cuenta del hartazgo social? ¿Por qué sus anquilosadas maquinarias electorales siguen generando propuestas en tiempos de campaña que en el ejercicio de la función pública son vistas con desdén e indiferencia?

Estos mismos herederos, son los que se oponen a mi propuesta, ya que temen que en tiempo real los usuarios de las redes sociales y el internet podamos ver en todo momento que es lo que pasa en las oficinas de los funcionarios públicos cuando se acercan los señores de las ligas y los portafolios con carretadas de billetes a querer comprar sus conciencias.

Los monopolios y las mafias ligadas a los servicios públicos y a la adjudicación de contratos quieren seguir manteniendo sus privilegios y su dinero sucio se ve siempre reflejado en las votaciones del Cabildo. Aun así los regidores siguen sin querer implementar un plan de contención que nos permita blindarnos ante la imperante corrupción municipal. Un plan emergente anticorrupción que vaya acorde a un conjunto de valores y normas éticas de observancia obligatoria si queremos sacar el barco adelante.

Pero vayamos al análisis de los conceptos expresados en el título de mi columna. Botella y chivo, son los términos que en materia de corrupción  utilizan coloquialmente los cubanos  para describir el nepotismo, el amiguismo y el compadrazgo en los cargos oficiales. La “botella” se refiere al hecho de colocar amigos, parientes y compadres en puestos públicos y el “chivo” es un concepto más alineado a nuestros tradicionales “aviadores” de la burocracia mexicana, son aquellos que sin realizar trabajo alguno devengan un salario oficial.

Bueno pues estos dos elementos fueron los que llevaron a la Cuba de los años cincuenta  a la decadencia y posteriormente a la Revolución de los hermanos Castro. Cualquier parecido con el México actual es mera coincidencia. No les extrañe que nuestro país vaya encaminado hacia un cambio social radical, ya que los elementos propios de inestabilidad por los que estamos atravesando no se solucionan con simples reformas estructurales, que en la mayoría de los casos acaban como letra muerta por la nula exigibilidad en la aplicación normativa.

La botella y el chivo entre muchos otros elementos de corrupción anclados a nuestro status quo nos han llevado a acentuar las divisiones sociales de los distintos Méxicos que hoy padecemos. Por eso y muchas cosas más no estaría mal que la sociedad pudiera mantener vigiladas las oficinas públicas las 24 horas del día.