La batalla de Tijuana: ¿Defensores o víctimas?

Fueron un total de 12 los caídos, entre militares porfiristas y civiles de Tijuana, luego de ser acribillados por un contingente armado muy superior en número y armas el 9 de mayo de 1911, en el inicio de la Revolución Mexicana.

Los de Tijuana sabían que iban a morir, el grupo insurgente que ingresó a la ciudad era de alrededor de 250 personas, mientras que los que los esperaban atrincherados no pasaban de 70 (13 de los cuales desertaron al iniciar las hostilidades), según investigaciones históricas realizadas en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

A pesar de que las autoridades y los pobladores ya sabían de la llegada del grupo armado con meses de anticipación, el ejército Federal de México estaba ocupado cuidando de los revolucionarios las obras de irrigación en el Río Colorado (una inversión de empresarios estadounidenses cercanos a Díaz).

Por esa razón los pobladores tijuanenses tuvieron que armarse en contra de lo que ellos pensaban eran bandidos extranjeros que además buscaban anexar el territorio a Estados Unidos (filibusteros).

Aunque dentro del grupo de insurgentes había elementos con intenciones anexionistas, también había extranjeros y connacionales miembros del Partido Liberal Mexicano (PLM) cuyo objetivo era derrocar a Porfirio Díaz, eran entre maderistas, rancheros locales e indígenas kiliwa, paipai y cucapah, según las investigaciones.

Los defensores en realidad no lograron defender la ciudad, por lo que la ocupación de Tijuana por parte de los supuestos filibusteros se formalizó la mañana del 9 de mayo y permaneció hasta el 22 de junio.

Los insurgentes estaban debilitados por las bajas y las deserciones por conflictos internos causados por diferencias raciales e ideológicas y carentes de parque, cuando un batallón federal proveniente de Ensenada (no formado por tijuanenses), con una superioridad de al menos cuatro a uno, logró sacarlos de Tijuana.

Nombramiento infundado

La complejidad de intereses de ambos bandos ha generado más de 100 años de controversias entre académicos, historiadores, aficionados en el tema, escritores y familiares de los caídos.

A pesar de ello, Tijuana fue nombrada “heroica” a mediados de la década pasada por el Congreso estatal y el término fue oficializado por el Ayuntamiento en junio de 2011 con la develación de una placa en el monumento denominado de los “Defensores de Tijuana” ubicado en el bulevar Agua Caliente.

A unos metros de la placa, se encuentran los cuerpos de seis de los hombres que murieron del lado de los tijuanenses: José María Larroque, Pastor Ramos, Alfonso Padilla, Francisco Cuevas, Miguel Guerrero y Clemente Angulo.

Por un lado, el escritor mexicalense y catedrático de la UABC, Gabriel Trujillo Muñoz, afirmó que los defensores de Tijuana fueron en realidad defensores voluntarios o involuntarios del régimen dictatorial de Díaz.

“Si Tijuana defendió al dictador ¿por qué no aceptarlo?, los mexicanos no siempre hemos luchado por las causas nobles y la historia debe revelarnos lo mejor y lo peor de nosotros”, afirmó.

Añadió que defendieron no a un país, sino a un régimen y eso se debe a que eran personas de edades avanzadas que habían obtenido un buen nivel de vida y propiedades durante el porfirismo, mientras que los insurgentes eran jóvenes que buscaban un cambio.

Explicó que los Estados Unidos estaban felices con el régimen de Díaz, pues eran empresas de ese origen las que explotaban los campos y las minas de la región casi en su totalidad.

“Los verdaderos revolucionarios de Baja California están en fosas comunes, mientras que los que estuvieron de parte de la dictadura tienen monumentos”, sostuvo Trujillo.

Dijo que Baja California tuvo un papel muy importante en la Revolución, sin embargo no se le da el lugar que merece porque no se ha indagado con seriedad suficiente.

“No se han estudiado los lugares donde se desarrollaron las batallas, ni donde están las fosas comunes porque no se quiere hurgar en las heridas”, manifestó.

En su libro La Falsa Memoria, Trujillo denuncia además que los historiadores de la localidad (a los que llama “aficionados”), han buscado borrar el valor de los insurgentes en busca de hacer heroica a la ciudad sin fundamento.

“Para escribir la historia es necesario quitar sentimientos e investigar, pero los historiadores aficionados quieren permanecer con su parcela de autoengaño”, manifestó.

Por su parte el historiador de la UABC, Marco Antonio Samaniego (quien publicó una investigación de 600 páginas sobre los hechos en 2008) explicó que el nombramiento de “Tijuana heroica” estuvo mal fundamentado.

“Se presentó como una invasión extranjera siendo que entre los que llegaron a Tijuana también había rancheros locales e indígenas nativos”, explicó.

Añadió que el término de “defensores” se aplica de forma ambigua, pues en realidad no lograron defender la ciudad y quien sacó al contingente armado fueron tropas federales que no eran tijuanenses.

Que sí era filibusteros

Por otro lado, Armando F. Ramos, presidente fundador de la Asociación de los Descendientes de los Defensores de Baja California 1911, sostuvo que lo que llevó a los tijuanenses a armarse fue un sentimiento de pertenencia y nacionalismo admirable.

Dijo que efectivamente los invasores eran filibusteros y que los tijuanenses dieron muestras de valor al enfrentarlos, a sabiendas que estaban en desventaja.

Armando Ramos es bisnieto del señor Pastor Ramos, quien tenía más de 60 años cuando decidió armarse para enfrentar a los presuntos filibusteros y murió en la batalla.

Antes de ello, dejó a su mujer embarazada y a sus seis hijos en San Diego, para protegerlos de las hostilidades, similares precauciones que tomaron con sus parientes la mayor parte de civiles que fueron a la batalla.

Pastor Ramos era un agente aduanal y además tenía un rancho en el que se producía leche, ubicado en donde ahora está la calle Ocampo y el bulevar Agua Caliente.

“Murió el 9 de mayo de 1911 en la aduana vieja donde hoy se encuentra el Museo de Cera de Tijuana, al grito de ‘ríndanse’ de los invasores respondió junto con Clemente Angulo y Juan N. Vázquez ‘los mexicanos mueren pero no se rinden’”, según Armando Ramos.

“Si eso no es heroico, entonces no sé qué lo pueda ser”, manifestó el descendiente.

Su asociación reúne a una veintena de familiares de los caídos por las balas de los que denomina filibusteros y se juntan desde 2010 para intercambiar experiencias.

Por otro lado, Alejandro Lugo, ex presidente de la Sociedad de Historia de la localidad y uno de los principales impulsores del reconocimiento a Tijuana ante la Comisión Nacional de Ciudades Heroicas, posee un importante cúmulo de documentos sobre el tema y sostiene que en efecto fue un grupo de filibusteros el que ingresó al pueblo.

Señaló que los ataques con fines anexionistas a Baja California datan de mediados del siglo 19, por lo que era algo que estaba en la mente de los pobladores de entonces como una posibilidad inminente.

Explicó que aunque el movimiento invasor tuvo origen con los planteamientos del Partido Liberal Mexicano (PLM), el movimiento se salió de control y para cuando llegaron a Tijuana ya eran sólo bandidos que mataron, saquearon y destruyeron.

“Los Flores Magón perdieron el control de su movimiento, no creo que sean unos traidores a la patria, pero quisieron controlar un contingente de extranjeros desde Los Ángeles y ahí es donde fallaron”, expuso Lugo.

Durante la toma de la ciudad se colocó una bandera que presuntamente sería de una república socialista, que tenía los colores y un diseño similar a la estadounidense, afirmó.

El principal argumento que alarmó a la población, añadió Lugo, fue que los invasores eran en su mayoría extranjeros.

“¿Cómo convences a la población de que los que entran a la ciudad eran revolucionarios cuando son gringos y vienen quemando y saqueando poblados de la región?”, cuestionó.

Entre los documentos de Lugo se encuentran panfletos que invitaban a la población de Tijuana a defender a su ciudad de los bandidos extranjeros.

“Tijuana es heroica oficialmente y palo dado ni dios lo quita”, expresó el promotor sobre el epíteto que ubica a al municipio dentro de las más de 30 ciudades heroicas del país.

Entonces, ¿qué pasó en BC en 1911?

Según el libro Tijuana en la Historia (2007) de David Piñera y Gabriel Rivera, el enfrentamiento de Tijuana en 1911 tiene su antecedente con la lucha que los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón iniciaron desde jóvenes en contra del régimen porfirista en el centro del País, lo que los llevó en varias ocasiones a la cárcel y al exilio en Los Ángeles en 1904.

En 1906 formularon (en conjunto con Juan Sarabia) el programa y manifiesto del Partido Liberal Mexicano en el que vienen los objetivos que después retomaría la revuelta liderada por Francisco I. Madero.

En Los Ángeles, tuvieron un estrecho acercamiento con el organismo sindical Trabajadores Industriales del Mundo (IWW, por sus siglas en inglés), de ideología anarquista que influyó sobremanera a los hermanos.

Según los autores, esta tendencia los separó del movimiento maderista, ya que pretendían una revolución universal, separada de las nacionalidades.

Su postura quedó registrado en el semanario Regeneración, redactado por los Flores Magón y otros colaboradores desde Los Ángeles, que informaba de las hostilidades que ocurrían en México.

En ediciones de enero de 1911 giraban instrucciones a los revolucionarios, como unirse a las fuerzas maderistas con el fin de evitar hostilidades con ellos y reforzar el ataque contra Porfirio Díaz.

Regeneración recomendaba además que se les atrajera al lado del PLM a través de la “persuasión y la fraternidad”.

Desde Los Ángeles el PLM en conjunto con el IWW, se organizó una expedición al Distrito Norte de Baja California que estaba poblada  escasamente, según Piñera y Rivera.

En Ensenada, la capital de ese entonces, había 2 mil 170 habitantes, en Tijuana 733 y en Mexicali 462.

Un grupo de rebeldes bajo las órdenes de José María Leyva y Simón Berthold tomaron Mexicali el 29 de enero sin encontrar mucha resistencia.

En esos primeros meses, empresarios y el gobierno de Estados Unidos con permiso de autoridades mexicanas habían invertido un millón de dólares en obras de irrigación en el Valle de Mexicali que beneficiaban a agricultores del Valle Imperial, por lo que la entrada de los rebeldes preocupó a ambos gobiernos.

Por ello se envió a un batallón del ejército federal comandado por el coronel Miguel Mayol para proteger las obras.

En Mexicali el contingente rebelde se nutrió más con elementos auténticamente revolucionarios y otros que posteriormente serían calificados de filibusteros.

El conglomerado que según diversas fuentes inició con unas pocas decenas, llegó a un aproximado de 300 elementos, principalmente estadounidenses.

El investigador Marco Antonio Samaniego, en su libro Nacionalismo y Revolución (publicado en 2008 por la UABC) afirma que los que tomaron Mexicali eran residentes de la zona, miembros del PLM, indígenas y algunos estadounidenses miembros de la IWW.

En ese punto se empezaron a presentar marcadas diferencias ideológicas, ya que las nacionalidades y el origen no permitieron un trabajo en conjunto, según el autor.

El 15 de febrero el coronel Celso Vega –jefe político del Distrito Norte-intentó recuperar la plaza con un grupo militar, pero fue derrotado y además regresó herido.

Durante marzo los insurgentes atacaron Tecate y posteriormente el poblado de El Álamo, dónde su líder Berthold fue herido y murió.

En ese punto los extranjeros eran más que los mexicanos y se nombró a Carl Ap Rhys Pryce como dirigente quien dividió al conjunto en dos partes: una permaneció en Mexicali y otra avanzó a Tijuana, con la intención de tomar Ensenada y apoderarse del Distrito Norte.

El poblado de Tijuana fue atacado el 8 y 9 de mayo y en la batalla murieron autoridades, residentes e insurgentes.

Entre los caídos de los locales estuvieron el subprefecto político José María Larroque, el agente aduanal Pastor Ramos, el septuagenario Clemente Angulo y los militares Bernardo Padilla, Blas Guzmán y Eulogio Morales, además de que el subteniente Miguel Guerrero resultó herido.

Diversos historiadores calculan que el total de muertos por ambos bandos fue de 46, en un enfrentamiento de alrededor de 250 insurgentes contra alrededor de 57 tijuanenses.

Circula en internet una fotografía posterior a la batalla en la que atrás de los insurgentes está izada una bandera con el lema “tierra y libertad” que después adoptarían los zapatistas.

Mientras eso ocurría en Baja California, en el resto del país triunfaba la revolución maderista, lo que llevó a Porfirio Díaz a renunciar y dejó como interino a Francisco León de la Barra, quien era parte de su gabinete.

Posteriormente a la toma de Tijuana, según reportes de periódicos de San Diego, se presentaron diversos saqueos a las casas de los residentes.

Cada vez más visitantes provenientes de San Diego quisieron entrar a la frontera para observar los hechos y al grupo armado, que empezó a cobrar 25 centavos de dólar para que pudieran ingresar, según Samaniego.

Aquí es donde entra la figura de Dick Ferris, un cómico estadounidense quien a través de la prensa proclamó el 2 de junio la creación de una “República de Baja California”.

Después Louis James lanzó también la propuesta de formar una república, lo que dividió de manera definitiva a los mexicanos insurrectos de los extranjeros separatistas.

Batalla final

Según la investigación de Marco Samaniego, el 14 de mayo el líder del Octavo Batallón escribió a Celso Vega (quien se estaba recuperando de sus heridas en la batalla de febrero) para informarle que las obras de irrigación se habían suspendido, a lo que Vega respondió que entonces sus hombres podrían ayudar contra el grupo que estaba en Tijuana.

Para finales de mayo, el batallón se encontraba en Ensenada preparando el ataque.

Mientras tanto, para principios de junio, el grupo en Tijuana había sufrido ya diversas deserciones, bajas y disputas entre las fracciones maderistas, simpatizantes del PLM y separatistas.

Para ese momento, el líder de los extranjeros era Jack Mosby, quien permaneció hasta la derrota de su bando el 22 de junio.

El bando de los que Vega llamaba filibusteros eran aproximadamente 120 extranjeros y 75 mexicanos contra los más de 800 hombres encabezados por Celso Vega, según Samaniego.

El investigador de la UABC afirmó que la batalla duró casi tres horas, tras lo que los estadounidenses derrotados se dirigieron a Estados Unidos y los mexicanos a Tecate y tras ser perseguidos cruzaron la frontera.

Para la tarde de ese día, Celso Vega tomó Tijuana y retiró las banderas rojas del PLM.

De esa manera terminaron las hostilidades con las armas e iniciaron la discrepancias ideológicas que se han mantenido hasta la actualidad.

Samaniego comentó que al final de cuentas, el heroísmo está más determinado por las cuestiones políticas del presente que por lo que haya ocurrido en el pasado.

Si la historia la escribe quien la ganó ¿qué pasa cuando todos perdieron?

Libros recomendados:

– Nacionalismo y revolución: los acontecimientos de 1911 en Baja California.

De Marco Antonio Samaniego.

– La Falsa Memoria.

De Gabriel Trujillo Muñoz.

– ¿Se apoderará Estados Unidos de América de Baja California?

De Rómulo Velazco Ceballos.