La abstracción del COVID hecha nuestra realidad.

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

En diciembre pasado se escuchaba que al otro del mundo había surgido un virus “por culpa de alguien que comió murciélago”. Se hablaba de que era altamente contagioso y que el mayor peligro radicaba en que debido a la rapidez con que se éste se adquiría podría colapsar los sistemas de salud. Así, este virus se fue propagando por el resto del continente asiático en países como Tailandia, Japón y Corea del Sur entre otros. Pero seguía sucediendo al otro lado del mundo, por lo que no dejaba de ser algo abstracto. Con el paso de las semanas se empezaron a tener noticias de que el ya llamado coronavirus había llegado a países europeos con tanta fuerza que estos tuvieron que cerrar sus fronteras. Sorprendente e inédito para esta generación, pero seguía sucediendo en otros países y no dejaba de ser abstracto.

Pero como el virus se expandía sin reconocer economías ni poderíos, llegaba a Estados Unidos contagiando a número impresionante de personas y matando a varios de ellos además de detener su economía sin miramientos y dejando a millones sin empleo. Sucedía en un país vecino, pero seguía siendo otro país y no dejaba ser abstracto. En febrero se confirmaba el primer caso en la Ciudad de México, pocas horas después uno más en Sinaloa. Alarmante que haya llegado a nuestro país, pero seguía siendo fuera de Baja California y no dejaba de ser abstracto. Fue hasta que finalmente llega a nuestro estado entrando por Mexicali y expandiéndose con gran rapidez en Tijuana cuando empieza a tomar realismo esta pandemia. Es cuando se empieza a escuchar que el amigo de un amigo conoce a una persona que se contagió. Con el paso de los días los casos empiezan a tener nombres y apellidos de gente que conocemos, y de pronto los casos tienen rostro de amigos, familiares o seres queridos. Lo abstracto se convirtió en nuestra realidad.

Uno de esos rostros es el de nuestro compañero y amigo Moisés Márquez, a quien tuve la fortuna de conocer por medio del periodista Adrián Garcia hace aproximadamente 7 años, cuando tuve la oportunidad de presidir ARHITAC. En aquel entonces buscábamos posicionar a la asociación en medios escritos a través de alguna columna. Fueron precisamente Moisés y Luis Fernando quienes nos abrieron las puertas de su semanario para tener una colaboración cada dos semanas. El nombre de la columna sería el mismo del boletín informativo de la asociación: “Del Capital Humano y Algo Más”. Sin embargo, por confusión o por recomendación consciente o inconsciente de Moisés nos bautizó con el nombre actual. Después de la primera publicación la intención inicial fue llamarle para pedirle que corrigiera el título, pero las felicitaciones por el nombre empezaron a llegar al grado que se decidió dejarlo ya como: “Del Talento Humano y Algo Más”. Así empezó una comunicación de cada dos semanas y posteriormente saludarnos con mucho afecto en convivios y en eventos durante su participación en el Ayuntamiento de Tijuana. Quien me sucedió en la presidencia de ARHITAC también me concedió la oportunidad de continuar colaborando con Infobaja a nombre propio, lo cual disfruto hacer periodicamente.

La abstracción de esta pandemia se volvió parte de nuestra realidad en el rostro de Moisés a quien recordaré con mucho afecto, respeto y agradecimiento por la oportunidad de colaborar en Infobaja, pero también por bautizar esta columna con el nombre de: “Del Talento Humano y Algo Más”. Te vamos a extrañar.