Jugando tan alto

Por Guillermo A. Sánchez-Aldana

Es cierto que para cuando salga esta nota ya se habrá jugado el partido de media semana entre el conjunto de Tijuana y Cruz Azul, ya que tras la jornada de “descanso forzado” que vivió el cuadro fronterizo se le presenta una doble jornada a causa de la fecha FIFA de la próxima semana (si no es una cosa es otra con esta liga), pero independiente del resultado de ese encuentro es necesario hablar de lo qué pasó el pasado domingo en la cancha del Nemesio Diez en el duelo entre Xolos y Toluca. Y es que fuera de que se puede argumentar que tras un inicio infame por parte del cuadro choricero era cuestión de tiempo para que obtuvieran su primer triunfo de la campaña, o el hecho de que para el minuto 7 el combinado canino ya se encontraría en desventaja por un desafortunado autogol de Diego Braghieri, o inclusive que la expulsión de Camilo Sanvezzo condicionó el partido cuando el equipo tijuanense mostraba posibilidades de reacción (vaya que hay excusas para quien las busque), la mayor problemática recae en que los Xolos simplemente no saben ganar cuando juegan en la capital del país, o en este caso en el Estado de México.

Se mencionó brevemente tras el enfrentamiento ante el América que el estadio Azteca se le complica muchísimo al cuadro dirigido por Óscar Pareja, en donde solo han logrado conseguir un triunfo jugando de visitante ante las águilas desde su ascenso a primera división, y sus números en la casa del Toluca tampoco son muy agradables, venciéndolos de misma manera en solo una ocasión desde su promoción al máximo circuito.

Curiosamente esas dos victorias se dieron en el Apertura 2012, y para los que no lo recuerdan esa fue la temporada en donde lograron alzar su primer y único título en primera división; derrotaron al conjunto de Coapa 1-0 y en la gran final vencieron al Toluca 2-0 (4-1 global) para levantar el máximo galardón del futbol mexicano. Bonita anécdota claro, pero eso se ha quedado en el pasado y la realidad es una totalmente distinta; la bendición de quedarse el trofeo vino con la maldición de no poder ganar de nuevo ahí.
Ahora bien, es probable que más que una cuestión de magia o maldiciones es la altura la que le cobra factura a un equipo que está acostumbrado a jugar y entrenar al nivel del mar, además de que la cancha con pasto real es muy distinta a la de pasto sintético en la que suelen jugar con más frecuencia. Después de todo hasta la distancia que viaja el balón al ser pateado es distinta por el simple hecho de jugar a esa altura, y se llega a notar la falta de coherencia en algunos pases que intentan los jugadores rojinegros en estas canchas. Y no se está diciendo que es una situación fácil de corregir, pero es una cuestión que se tendrá que trabajar a fondo si en verdad quieren lograr el ansiado segundo campeonato; no por nada fueron campeones ganando ahí.

Afortunadamente tras el partido ante Cruz Azul se acabarán los oponentes capitalinos y solo será un problema en caso de enfrentarse a alguno en liguilla, y solo queda esperar que para entonces este Xolo ya no sufra jugando tan alto.