Juego de pendientes

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Lo que estamos perdiendo quizá no desaparece sólo cambia, no hay sustracción o carencia, únicamente mutación. Me llama la atención como el valor que le vamos dando a las palabras nos puede llevar por muchos caminos, tanto físicos como psicológicos.

Hay palabras que encuentro “liberantes”, que contienen tantas llaves al pronunciarlas, uno las dice fuerte desde el estómago, desde el alma y se siente como si estuviéramos a nada de ser criaturas aladas. Juego con darles nuevas connotaciones entre mi lengua y paladar, saben distintas, dan apertura, el mundo cambia bajo su velo y en los libros se diluyen las sopas de letras, como niña quiero redescubrirlas.

Hay algunas que me amargan todo el trayecto, como una acidez aguda desde el momento que se forman hasta ser eructadas, cargan con tanta memoria propia y alguna prestada, esas suelen salir por las noches pero su hábitat son las madrugadas. Tengo muchas palabras lindas, esas me son tan necesarias, las guardo para ocasiones especiales, en cajas y con separadores, esas me llenan de emoción y al deletrearlas es deleitarme, allí me sonríe la vida, es cuando siento que en todo el cuerpo me palpita el corazón.

He puesto atención en lo mucho que las desperdicio y como me puedo así disculpar y esconder detrás de ellas, no siempre soy valiente y “cobarde” me califica, lo que no me hace sentir muy orgullosa pero al decirlo sí un poco más “sincera” y esa descripción también me es importante.

Hay tantas como los días y momentos en cuáles prefiero mejor ahorrarles, no siempre le atino pero ya lo práctico, ya veremos si después nace el maestro. Me ejercito en ellas, en aprenderlas, entenderlas, observarlas y poder así escuchar que historia propia me cuentan, tengo todavía esa habilidad.

No siempre tuve el interés, no de esta forma y sin embargo con mucho gusto pensaba que las usaba, ahora que entiendo un poco más, sé que yo era la utilizada por ellas.

En silencio las encuentras formándose, siendo, guardando todo lo otorgado y más. Ellas conocen del tiempo sin ser afectadas, dicen que los que giramos somos nosotros, ellas permanecen en el centro para enfocarnos, decorarnos, otorgarnos y omitir. Ellas lo saben todo y así se conservan humildes y sencillas, sin sílabas de más, sin necesidad de delineado, de remarcado, abres la boca, comienza el movimiento y la sientes que de ahí brota. Ellas entre los dedos, resbalando por la imaginación y cortando como una flecha.