José Antonio, sale adelante sin brazos

Por Gabriela Martínez /Infobaja

Tijuana.- Algunas personas describen que una descarga eléctrica se siente como un millón de punzadas calientes al mismo tiempo, el dolor primero azota en el miembro donde se hizo el contacto, pero en cuestión de segundos se expande por todo el cuerpo disminuyendo su intensidad mientras avanza a manos, cabeza, torso y piernas.

La piel puede encogerse, como si fuera un pedazo de papel en medio del fuego, lo músculos desaparecen y en ocasiones, los huesos se reducen a polvo. Literalmente, el suceso se convierte en un explosión interna.

Cinco minutos puede ser la duración de una canción, el tiempo que tarda en transmitirse el comercial de una película o una cápsula informativa, en freírse un huevo, en cocinarse un bistec, hacer una llamada telefónica o prepararse un café.

Ese es el tiempo en que José Antonio Padilla Serrano, un hombre de mediana estatura y complexión regular, tarda en ponerse un pantalón y una camisa, al mismo tiempo. Solo que Toño, como le dicen sus amigos: No tiene brazos.

-Yo siento que no me hacen falta, puedo hacer de todo. Contesto el teléfono, hago la papelería en mi trabajo, trabajé en bodegas, me visto, me baño, ¡hago del baño como todos!

Para él, perder ambos brazos se reduce a la historia de cuando tenía 11 años y a un pajarito parado sobre el cable de luz.

Ahora con 33 años y sentado en el escritorio de su oficina, en las instalaciones del sistema de Desarrollo Integral para la Familia (DIF), en Tijuana, me explica que un día, sin nada que hacer en su casa observaba a un ave parada en los alambres de la luz, a la altura del segundo piso de su casa.

Tan fácil como tocarlo con un palo de metal, Toño corrió, y acercó como pudo el objeto para asustar al animal, lo que no sabía era que exactamente donde se juntó el metal con el cable, había un falso contacto que pronto le haría perder sus brazos y  pararle el corazón por unos segundos.

La ropa se convirtió en una extensión de su piel, desde la descarga quebró en llanto y las lágrimas no dejaron de salir.

-Es horrible, tú sientes cómo se quema tu cuerpo por dentro, fue rápido porque en cuanto recibí la descarga, me noqueó, quedé inconsciente.

 

Recibe la noticia

Los paramédicos tardaron en llegar al menos una hora porque en el camino se encontraron otro accidente, recogieron a la víctima y la trasladaron al hospital cercano. Luego regresaron por él. Después de que fue internado, la noticia le llegó de un plomazo y tenía que decidir, aún siendo menor de edad.

-¡¿Papá me van a salvar?!

-Sí, hijo, no te preocupes, pero… necesitamos decirte algo, para salvarte te deben cortar tus brazos.

Antes de romper nuevamente en llanto o de reparar en qué implicaciones tendría andar por la vida sin brazos, su respuesta explotó en su boca mucho más rápido.

-Así me quedo con la pura cabeza, yo quiero seguir vivo.

Después de la cirugía despertó. En realidad intentó hacerlo, dice que la medicina le removió el cerebro y los sentidos, así que en esos escasos segundo cuando regresó a la realidad. Miró el par de muñones que le quedaron, que son el pequeño pedazo de carne que queda, después de realizar una amputación. Conoció a su nuevo cuero, y luego durmió otra vez.

Para Toño la vida de un discapacitado puede ser tan difícil como la voluntad lo permita. Salir a la calle puede ser una experiencia cruel, porque mientras tu casa y familia se convierten en una guarida o un blindaje, afuera en las colonias, con la gente clava sus miradas en ti.

 

El aprendizaje

El primer problema fue entender que podía construir su vida como cualquier otra. La lástima puede ser un sentimiento peligroso que usada de manera incorrecta, orillan a una persona a sentir que no puede valerse por él mismo.

-En la secundaria y preparatoria fue cuando todo cambio. Al principio todos hacían todo por mí. Pero, no sé, un día simplemente quise hacer a un lado el control remoto y aprender, o bueno, re-aprender a valerme por mí mismo.

Aprendió a cambiarse de ropa, bañarse, escribir, contestar un teléfono, cualquier cosa que una persona pudiera hacer, él también lo haría. Ese incidente no le iba a arrebatar su independencia.

Después de esa experiencia Toño ha sido víctima de discriminación, pero eso no le ha impedido llegar hasta donde está:

-Batallé para encontrar trabajo, muchas veces me dijeron que no por mi condición, no importaba que estuviera calificado, que fuera ingeniero y que les demostrara que podía hacer las cosas, siempre ganaban los estigmas.

Su primer trabajo fue en una tienda de mercados nacional, en una bodega. Luego fue mesero hasta que llegó a una maquiladora, Tayco Electronics como almacenista donde fue empleado por unos 4 años hasta que se dejó esa empresa y buscó otra con su antiguo jefe.

Desde ese entonces, antes de encontrar nuevamente trabajo tuvo entrevistas con 15 empresas más, ninguna lo aceptó hasta que llegó al DIF, el 23 de abril pasado, en donde trabaja como auxiliar administrativo y apoyando a personas con discapacidad.

Ahora, Antonio tiene una esposa y dos hijos, una de siete y otro de 12 años. Dice que puede hacer de todo, bueno, casi todo, lo único que le faltaría por hacer es amarrarse los zapatos.