¿Jefes de más?

Por Maru Lozano Carbonell

Ahora con la pandemia nos estamos dando cuenta que las empresas serían mucho más productivas si se permitiera que sus empleados se auto-gestionaran.

Profesores de la Universidad de Rochester, por más de treinta años han estado investigando sobre la motivación que nace desde uno mismo, desde el deseo personal y no desde el impulso por la recompensa exterior y eso que los profesores Edward Deci y Richard Ryan nunca imaginaron que habría virus, confinamiento y teletrabajo en todo el mundo.

Cualquier empleado se motiva cuando siente autonomía, pero los “jefes” tienen necesidad de controlar el trabajo de los demás, incluso sus vidas.

Un empleado que es escuchado, pero no recibe soluciones, se siente frustrado, molesto y desde ese estado anímico, trabajará. ¿Conviene?

El investigador Ozer de la Universidad de Hong Kong, hace nueve años descubrió que la autonomía convierte a los trabajadores en seres responsables, con alto sentido de disponibilidad y que hace que automáticamente se fortalezcan los vínculos entre los diferentes departamentos, lo que los hace entonces más productivos y rendidores.

Nadie que no se involucra en el proceso, controlará el propio destino. Analicemos entonces los nuevos modelos de “management” sobre todo en las escuelas, lugar donde se transforman vidas.

Todos los maestros estamos a la merced de las grandes ideas que surgen de los escritorios y no desde la experiencia docente. En la mayoría de las escuelas han recortado artes, deportes, música y han dado prioridad a materias como Español y Matemáticas. Mal pensado. Todo es importante y los alumnos nunca debieron ver “mochado” su programa educativo. Los tiempos y la carga sí, pero nunca podar lo que también es significativo. Hubiesen descansado entonces coordinaciones obsoletas, pero nunca a un maestro de artísticas.

La pandemia nos ha enseñado a ajustar las velas, siendo escuela, genial sería juntar en una mesa de análisis a un papá, una mamá, un alumno, una alumna, dos docentes, un directivo y ahora sí, estudiar horarios, tiempo y formas. Si no se involucran todos los interesados, no surgirá el compromiso ni se palparán los verdaderos intereses. El directivo debe acotar lo que se necesita cumplir y saber escuchar a la gente para poder determinar los “cómo”. Las encuestas serían perfectas. Ojalá los directivos encuestaran a su personal, a sus alumnos, a los padres de familia sobre el material, las clases, tareas, etc.

Siendo una empresa de servicio, éste debe ser impecable y que de verdad satisfaga las necesidades.

En cualquier empresa, si sobran jefes y faltan líderes, no se sabrá que rumbo tomar.

Se conoce la manufactura esbelta desde 1991, donde su principal objetivo es implantar una filosofía de mejora continua que permita a las compañías reducir sus costos, mejorar los procesos y eliminar los desperdicios para aumentar la satisfacción de los clientes manteniendo el margen de utilidad. Esto en compañías industriales, pero en las comerciales y de servicio, hoy día quitan a la gente importante, en lugar de reducir los puestos de esos jefes que a todas luces se ve que ¡sobran, nada más estorban y cobran un montón!

Los empleados de a pie son los que podrían dar esa solución, innovar, hacer crecer el negocio, todo está en dejarles participar. Ya nos enseñó Edward de Bono en su libro: “Seis Sombreros para Pensar”, ¡magnífico! para que no se resuelvan problemas generando conflictos.