Jamais vu 

Por Ana Celia Pérez Jiménez

El dilema de seguir en el mismo carril, la misma ruta, ir por ese “futuro” imaginario o intentar algo distinto; es colocar un pie dentro del agua o lanzarse de una al charco. Me parecer que todos hemos estado pensando en un cambio, primero en el cual nos han sometido, seguido del que comenzamos a planear, dada la nueva perspectiva y circunstancia. El verdadero cambio, es exactamente eso, una transformación aplicada a aquello que consideramos o catalogamos como “verdad” cada una propia y válida.

Dentro de todos los sucesos, la nueva rutina y todo aquello a lo que nos comenzamos adaptar, sea creado una nueva ruta, una nueva vena, una nueva rama al árbol le comienza a brotar, un nuevo “yo” me atrevo a pensar; y es aquí donde nos corresponde cuestionarnos, ¿qué vendrá después?, ¿cómo? y ¿de qué forma individualmente se llegará a ello?

Eventualmente volveremos a algunas formas pasadas e inevitablemente nunca a otras. ¿Cómo se llegará a ese camino de nuevo?, ¿buscaremos alguna ruta que nos haga llegar al pasado destino?, ¿o forjaremos uno nuevo?, debo decir, que no por hablar de lo “novedoso” es igual a prometedor o positivo, pero me interesa saber sí se logra o se quiere un cambio y qué resultados serán nuestros vecinos ahora. Un futuro viene, pero ya no sabemos tanto qué viene con ello, si más de lo mismo, crecer de las ruinas, salir de la riqueza o morir en la pobreza y la indiferencia. No existen muchas ventanas en los presentes escenarios, pero hay brotes de esperanza, de un nuevo mundo, de las nuevas posibilidades, de la realidad inmediata que se alimenta con poco y no necesita nada.

Se nos están planteando las nuevas perspectivas, opciones, nuevas formas; tenemos por un lado de la mesa a la muerte y el miedo, y por otro lado, la vida y el miedo, me parece que ese juega para ambos bandos. Pero la vida y el mundo se están abriendo, exponiendo; me parece que quieren que le observemos y encontremos la raíz podrida, esa que se encuentra así por exceso de riego. Hay que encontrarnos en la desigualdad, en el exceso, nadar en eso que somos o creemos serlo; empaparnos en ello y dejarnos secar, para saber que aroma brota, de qué está hecha la mancha, que nos destruye y que no conforma. Somos el problema y lamentablemente la solución, sin un tercero que tire la moneda en el aire.