Islamofobia

Por Manuel Rodríguez

De nuevo comienza la guerra contra el terror. Un enemigo invisible que amenaza  la paz y la estabilidad de países democráticos como Francia. Y recordemos que la paz no sabe llorar, pero seguro lloraremos si algún día llegase a faltar.

 

Cuándo estaba en la Universidad de las Américas en Puebla, por allá del año 2000,  recuerdo que un día en clase de Estudios sobre el Medio Oriente, mi profesor, el Dr. Román López Villicaña, nos dejó de tarea leer algunos capítulos  del libro “El Choque de Civilizaciones” de Samuel Huntington, que vaticinaba una conflagración mundial de grandes proporciones, pero después de leer a Edward Said y su libro “Orientalismo” quede fascinado por conocer más sobre las culturas del Islam y sobre sus estados teocráticos. Siempre existen dos lados de la moneda.

No hemos comprendido que la respuesta bélica lejos de reducir los actos de terror, los estimula a la “n” potencia. Ataques armados contra su población civil es lo que los movimientos del islam radical están buscando, para continuar alimentando su discurso de víctimas de Occidente.

Las posiciones intolerantes de ambos lados se extienden como una enfermedad contagiosa y van envenenando las ideas de paz tanto de los líderes occidentales, como de las comunidades islámicas no fundamentalistas.

Por otro lado, los sentimientos de islamofobia, no son nuevos, pero sí los sumamos a las expresiones de odio que le he escuchado a más de alguno por lo ocurrido la semana pasada en Francia deja en claro que tan intolerante es uno como el otro lado. Sólo el diálogo constructivo podrá traer una paz duradera.

La Organización de las Naciones Unidas debe asumir los retos que los tiempos exigen. Nunca había sido más importante contar con un órgano internacional para contrarrestar el terrorismo. Rumania y España éste año propusieron en la ONU la creación de un Tribunal Internacional contra el Terrorismo que tendría jurisdicción complementaria sobre los tribunales nacionales. Que nuestra lágrima en París sea una de amor y de paz.

No apoyemos ningún pensamiento o acción basada en la venganza, el odio o la guerra. Es probable que también el enemigo esté en casa, y bombardear Siria no compensa en nada las 123 personas que perdieron su vida en París el viernes 13 de noviembre. Para que el Derecho Internacional prevalezca será necesario el apoyo de la sociedad civil occidental y el mundo académico de los países que queremos alcanzar y mantener la paz como el único camino. La inmensa mayoría de los musulmanes son personas de bien, no debemos de caer en el peligro del extremismo ideológico, ninguna idea puede estar por encima de nuestras libertades que tanto nos preciamos en países como el nuestro.

Un error común, de extremistas islámicos y de islamofóbicos es considerar que las ideas tienen un derecho intrínseco a ser respetadas, cuando ese derecho en realidad solo lo tenemos las personas. El simbolismo que plasma atacar la cuna de las libertades nos obliga a manifestar nuestro repudio al terrorismo y sus autores, pero no debemos generalizar y contrarrestar el fundamentalismo con posiciones violentas. Son la negociación, la convicción y el deseo interior de paz las únicas vías hacia la pacificación colectiva.