Irradiándose lejos

Por Ana Celia Pérez Jiménez

No sé si es tan difícil contenernos y aprender a así hacerlo. Estamos dentro de nuestro cuerpo pero a veces la vida y la circunstancia nos hace desbordarnos, una presa a punto de derramar su primera gota, un río a segundos antes de borrar con furia las líneas de su cauce.

Así, uno es un instante inesperado, no cabemos más en el cuerpo. Llega una palabra, un gesto y nos hace que hierva el sentimiento y como levadura crece, crece tan dentro del pecho sin explotar, pero arrasando con todo: el enojo, la alegría, el ser humano conjugado en su totalidad.

Admirable como un planeta, sobre dos pies andando, con histeria en los ojos, con resequedad que se oculta dentro de una boca como una mina seca. El ser siendo y el mundo tiembla, la confusión nubla y la mente tartamudea. Y vive, vive más fuerte que nunca, cuando reacciona, cuando el instinto brota, cuando es libre como su parte animal.

Cuando nos vestimos de emoción y sentimiento de cabeza a pies es difícil centrarse en lo que es y las posibilidades. No tenemos que pretender y volamos, cegados al pensar, sin interrupción de la prudencia, olvidando a todos los demás embargados por eso que sentimos más fuerte que la misma gravedad.

He visto al hombre piedra caer, a la mujer prudente devorar con sus serpientes, la joven indiferente flotar en sus lágrimas, el abuelo olvidadizo ahogarse en su mundo de recuerdos.

Somos almacenes ambulantes, ollas de presión sin instructivo, me he visto andar, nos he visto andar. Tanto que cargamos, tanto que arrastramos, que un día eso que creemos que nos hace libres nos va anclar.

Nos disfrazamos no para espantar sino para todo lo contrario, para el agrado, para ser no visto, para alejarlos a todos del rostro que en verdad refleja todo lo que siente y todo lo que por el pasa.

Hay que ir soltando piedra y algunas rocas, día con día, sacar las palabras, pronunciarlas, dejarlas libres, sentirnos ligeros. Saber qué palabra quitará el dolor, qué nombre nos hará libres, qué enunciados nos harán un poquito mejor.

Nos comunicamos con sonido y con gestos porque perdimos la posibilidad de leer mentes. Hay que liberarse de a poco, de una forma  consciente, una humano libre es más probable que a veces en su día pruebe la felicidad y si no la prueba de a menos puede distinguirla y con eso ya tiene todas las de ganar.