¿Por qué no hubo humo blanco con los Consejeros del IFE?

Por Gastón Luken Garza

gastonluken@gastonluken.com

A un año de que venciera  el plazo para nombrar  a los tres consejeros  vacantes del Consejo  General del IFE,  los partidos en la  Cámara de Diputados no han llegado a un acuerdo a este respecto.

Jamás había sucedido algo  parecido. La razón de ello es muy  simple; el PRI ha argumentado  que dos de las tres vacantes le  corresponden. Que les asiste la  aritmética y que por ser quienes  más diputados tienen en la  Cámara es que deben ser ellos los  que propongan a dos sin que los  demás partidos puedan vetarlos. El  PRI propuso que la tercera vacante  la podía poner el PAN o el PRD.

Es precisamente ese esquema  de cuotas de partidos que tanto  daño le hizo al IFE en el 2003  cuando se renovó el Consejo  que fue presidido por Luis Carlos  Ugalde. El PRI nombró a cinco  consejeros y el PAN a cuatro  dejando fuera de aquella decisión  al PRD y demás fuerzas políticas.  Ese fue el “pecado original” de  aquel IFE y que a la postre se  tradujo en una seria merma en el  más importante activo que puede  tener un órgano electoral: La  credibilidad. 

Los nombramientos de ese  entonces fueron sin veto de  nadie. Es decir, el PRI nombró  a sus consejeros sin que el PAN  los cuestionara y el PAN nombró  a los suyos sin que el PRI los  cuestionara. Los demás partidos  podían decir misa.

Ese procedimiento es el que  el PRI intentó sin éxito imponer de  nuevo en esta ocasión. No obtuvo  el 66% de los votos requeridos  para aprobar la terna que  contenía ciertamente personas  conocedoras y capaces en materia  electoral pero que no representan  la pluralidad y el consenso exigido  en la Constitución.

El PRI argumentó que urgía  que la Cámara cumpliera con  su responsabilidad de nombrar  a los consejeros pues no podía  haber un IFE incompleto. Lo  que no decía es la condición, la  condición que imponía fue justo  lo que empantanó el proceso de  selección. 

Adicionalmente intentó forzar  las cosas con la aparición de un  documento apócrifo de la mano  de un vice coordinador de la  bancada del PRI en la sesión de la  Cámara justo cuando se discutía  este tema de manera intensa e  interesante. Ese documento falso  buscaba confundir para lograr un  madruguete. Dicho con todas  sus palabras al más puro estilo  del agandalle y la chapuza. El  PAN y el PRD e incluso algunos  diputados del PT hicieron no una  alianza electoral, no un alianza de  gobierno pero sí una alianza para  proteger al IFE y con ello evitar  un grave golpe a su autonomía e  independencia. 

El PAN ha aprendido del  error que cometió en el proceso  de nombramiento del 2003 y  está firme en no repetirlo. Lo  que más le conviene al ganador  de la elección presidencial del  2012 es un IFE fuerte y creíble.  Hacer lo que pretendió el PRI  no solo es inaceptable sino dada  su actual posición de ventaja en  las encuestas es francamente  insensato y absurdo.

Mucho nos ha costado  independizar al IFE de los  gobiernos. Ello ha sido un gran  acierto del País. Sin embargo el  mayor riesgo actual para el IFE  es que los partidos políticos se  adueñen de él y de sus decisiones.  Esto se logró  evitar, por lo menos  en esta ocasión.

El esquema actual para los  nombramientos está agotado. Es  evidente que no es correcto que  los partidos que son sujetos a la  autoridad del IFE sean quienes  nombren a los Consejeros del  mismo, pues es de esperarse  que nombren a quienes ellos  consideren afines por encima de  quien mejor sirva a los ciudadanos.

¿Cuál es la solución? Hay por  lo menos dos vías. Una preferible,  pero más difícil que consiste en  ¿Por qué no hubo humo blanco con los consejeros del IFe? que los consejeros se nombren por consenso. 

Es decir si el PRI propone a una persona, que esa  persona genere la confianza de los demás partidos. Si  no es así esa persona se descarta. Así también, si el PAN  o el PRD u otra fuerza política propone al PRI y a los  demás partidos a una persona, esa persona tiene que  ser de la aceptación del PRI. Es pues un proceso de  eliminación que lleva a quedarnos con las personas  que generan confianza a todos, independientemente  de qué partido lo haya propuesto. Es un proceso de  consensos. Así se hizo en 1996 y en el 2006. 

El otro esquema es posiblemente más fácil y es el  de acordar un número determinado de candidatos  finalistas, digamos 10, que pasen exitosamente el  proceso de entrevistas y que reúnan las capacidades  necesarias. Luego colocar esos 10 nombres en una  tómbola y los primeros tres que sean insaculados son  los que llenan las vacantes. De ese modo se elimina  en buena medida el sesgo o preferencia partidista y se  agiliza el proceso de decisión y sobre todo se cuida al  IFE de tanto desgaste innecesario.

*El autor es Diputado Federal por BC