Involúcrate

Por Juan Manuel Hernández Niebla

“Tanta sociedad como sea posible, tan poco gobierno como sea necesario”

Con la elección en puerta, Baja California entra a su tercer proceso electoral en menos de cuatro años.

Hasta hace tres años, en este proceso electoral sólo votaríamos por diputados federales, pero a consecuencia de la reforma política del 2015, los bajacalifornianos estaremos votando nuevamente por gobernador, alcaldes y diputados locales a dos años de la elección anterior.

La buena noticia es que a partir de esta elección sólo tendremos dos elecciones por sexenio, la siguiente hasta dentro de tres años, lo que les va a dar a los que resulten elegidos la oportunidad de hacer un programa de gobierno con beneficios verdaderos para la ciudadanía por arriba de sus siguientes aspiraciones políticas.

Sin embargo, el empate electoral, que se vio reflejado en gubernatura, alcaldías y diputaciones de dos años, ha generado grandes costos en materia de gobernabilidad, con pocos o nulos avances, atestiguando más confrontaciones políticas que mejoras para los bajacalifornianos, donde el efecto más reciente han sido las renuncias de la mayoría de los recientemente elegidos para irse a buscar otros puestos.

Los periodos reducidos de gobierno, las confrontaciones mencionadas, y la pandemia, han generado un sentimiento de ingobernabilidad y nulos resultados durante el periodo de gobierno que está por concluir.

Estamos entrando en el umbral donde tendremos que elegir entre las opciones que presenta el partido en el poder, que, si bien se ha quedado tremendamente corto en cuanto a resultados esperados, aunque pareciera tener las preferencias, o las ofertas que traen otros partidos políticos.

Algunos de los otros partidos nos presentan una alianza con supuestos candidatos ciudadanos, que cuando analizamos los perfiles atestiguamos que un gran porcentaje de ellos son los mismos de antes, los que en su momento pactaron con el poder, los que la ciudadanía rechazó votando por un cambio que desafortunadamente no ha llegado.

Igualmente, existen propuestas de partidos pequeños, con igualmente candidatos reciclados, cuyo objetivo pareciera más tratar de salvar su registro que convertirse en una opción viable de gobierno.

Consecuentemente, y ante una oferta política limitada, los ciudadanos tendremos la disyuntiva de desentendernos y no votar, o involucrarnos y hacer una reflexión sobre las características de cada candidato en particular, donde más allá de colores y partidos, tendremos que decidir lo que mejor conviene a nuestro estado y ciudad.

¿Qué candidatos entienden mejor nuestra problemática? ¿Quién demuestra mejor conocimiento y propuestas? ¿Quiénes tienen mejores credenciales en transparencia, honestidad y ética?

Tendríamos entonces que elegir a aquellos que propongan planes reales y sustentables para combatir la inseguridad, la corrupción, y fomentar el desarrollo económico y la educación a través de un desarrollo social sustentable.

Adicionalmente, como ciudadanos necesitamos asegurar los contrapesos, por lo que, en el proceso de elegir, sobre todo el Congreso, votar todo a favor de un partido elimina claramente este objetivo.

La apatía de la sociedad es el resultado de los gobiernos que tenemos, por lo que sólo nuestro involucramiento podrá cambiar nuestra realidad.

Independiente de nuestra posible desilusión con la política, las urnas electorales son la única manera pacifica y legal en que los ciudadanos podemos expresar esa inconformidad generalizada cada vez mas patente en nuestra sociedad.

En la medida que los ciudadanos nos involucremos, es en la medida que los partidos enviarán cada vez mejores candidatos, generando ese temor y respeto al sufragio de cada uno de nosotros.