IntensaMente II

Por Daniel Salinas Basave

Chapucera, canija, con irremediable vocación fabuladora, la memoria está ahí para contarnos sus mentiras y este fin de semana ha cumplido con mandarme unas cuantas señales. “A la larga, todos los seres son memoria, no solamente los seres de carne y hueso, sino los de la literatura también. Nosotros mismos seremos tan irreales o tan reales como personajes literarios después de nuestra muerte”, escribe Borges, citado por Federico Campbell en Padre y memoria.

La noche del domingo fuimos al cine a ver IntensaMenteII y la conclusión es que segundas partes también pueden ser muy buenas. Para mí es y ha sido la apuesta narrativa más profunda de Pixar. Mis respetos para Pete Docter, la mente maestra creadora de la película original y Kelsey Mann, el encargado de la secuela, que no desmerece y está al nivel

Recuerdo con mucho cariño el verano de 2015 cuando vimos varias veces la primera parte. Nuestro hijo Ikercho tenía cinco años y la película le emocionó. Hoy, nueve años después, Ikercho tiene la misma edad de Riley, la protagonista, y de una forma u otra enfrenta su mismo tipo de dilemas. En esta segunda parte se agregan nuevas emociones y la Ansiedad (ese concepto tan de moda) toma un rol protagónico.

Siempre he creído que esta película puede atraer por igual a psicoanalistas o a filósofos. Después de todo, el cuarto de controles de las emociones es en mayor o menor medida la red neuronal de cada ser humano. Vaya, cuando veo a Alegría, Furio, Tristeza y Ansiedad disputándose las reacciones de la mente de Riley, pienso en mi propia cabeza en un día cualquiera.

No necesitas ser adolescente para que tu cabeza sea un sube y baja o un péndulo y la verdad sería aburrida una mente emocionalmente estacionaria. Necesitas una dosis de ira y rabia para echarle chingazos a la vida pero al final es delicioso poderte reír a gusto y convertir lo solemne en un chiste.

Por cierto, aunque su papel es casi espectral y no alcanza siquiera a influir en la mente de Riley, un par de veces se asoma tras las cortinas una terca ancianita llamada la Nostalgia a la que de inmediato piden retirarse, pues se ve ridícula en la mente de una adolescente, pero que sin duda tomará un rol protagónico en la vida adulta y lo será todo en la senectud, cuando tu vida entera tiene amplias posibilidades de transformarse en un eterno viaje al pasado.

Siempre he pensado que a Federico Campbell y a Oliver Sacks les habría gustado esa película. El lago congelado donde Riley aprende a jugar hockey no es muy diferente de la magdalena chopeada de Proust. El telar encantado de Bruno Estañol transformado en animación. Y sí, las canijas neuronas son como chinculaes encanijados, frijoles saltarines incapaces de estarse quietos. Dan guerra todo el tiempo. Son exactamente como Alegría y Furio moviendo compulsivamente los controles de la mente de Riley.

No necesitas estar en la pubertad y tener 13 años. A mis 50 me siguen haciendo lo mismo en una noche cualquiera.