Inteligencia Artificial: Un futuro con pasado que dice presente

Por José A. Ciccone

Unos le temen, otros tratan de entenderla, algunos ya la consultan y aplican, pero pocos la enfrentan o confrontan, entre otras cosas, porque no están seguros de cuáles son sus flancos débiles, si es que los tiene y su poderío real tan desconocido como temido.

Desde que hacemos uso de nuestro Smartphone y las múltiples aplicaciones habidas y por haber, todas derivadas de la Inteligencia Artificial, sabemos que ésta llegó para quedarse y aunque fue creada por el hombre, igual que las armas más letales, se supone, se debe utilizar para facilitar la vida en común.

Esta combinación de algoritmos que no pretende imitar la función cognitiva humana, sino contribuir a mejorar las capacidades de estos, según un manifiesto después de la Segunda Guerra Mundial, del polímata británico Alan Turing considerado el padre de la IA, aunque fue hasta 1956 cuando el informático norteamericano John McCarthy la acuñó.

En sus comienzos su finalidad no era la de suplantar a los humanos, sin embargo, en pleno 2023 se generaron todo tipo de dudas al respecto, que hasta el mismísimo Elon Musk -que curiosamente hizo su enorme fortuna de doscientos billones de dólares, centavos más o menos y pudo desarrollar sus marcas, sobre la base de la inteligencia artificial-, haya advertido que se deben establecer protocolos, más reglas claras, que protejan su uso y limitaciones para no perjudicar a la gente. En una ‘carta abierta’ firmada junto a mil personalidades, entre científicos, empresarios y profesionales médicos de los más destacados en el mundo, expresan que “ya existe una carrera sin control” para crear mentes digitales, lo cual acarreará profundos riesgos para la humanidad. Por esa razón, dicen, se están tomando medidas, que la mayoría no conocemos en detalle.

Lo curioso de todo este entramado tecnológico, es que sólo con otra IA se podrán neutralizar las consecuencias fatalmente nocivas, porque únicamente la inteligencia humana se podrá proveer de la propia IA, creando sistemas capaces de detectar, modificar o cambiar los efectos adversos que supuestamente pueda provocar con el correr de los días.

Convengamos que en esta avanzada de la IA, el propio Bill Gates, que de estas cosas sabe mucho, a través de Microsoft permitió la entrada masiva al internet y es respetado por su capacidad de prospectiva, declaró que los humanos “no seremos impotentes ante la IA” y plasmó algunas de sus convicciones sobre la calidad de vida, manifestando que estas nuevas tecnologías pueden ayudar a las personas a mejorar sus condiciones de vida, cualquiera sea el punto del Planeta donde se encuentren, o cuanto dinero tengan, “la IA permitirá crear máquinas capaces de razonar, aprender y resolver problemas, aún sobre la inequidad y el rol del Estado”.

Ojalá Don Bill tenga razón y se apliquen bien los adelantos y controles, porque a muchos no les conviene que la IA le diga cuál es el camino más equitativo a seguir y tratarán de modificar un resultado o inclinarlo a su favor,

En el entendido que tenemos que vencer el lógico temor ante una disrupción tan significativa, para aprovechar de ella las novedosas oportunidades que brinda, tampoco debemos perder de vista que una cosa es contribuir a un mayor conocimiento y otra muy distinta es suplirlo artificialmente en su totalidad, ahí es donde comenzarán los conflictos en este mundo sobrepoblado donde sobran brazos, más voluntades, en cuerpos y mentes necesitadas de trabajo, como básica subsistencia.

Como contrapartida, cada día se robotizan más tareas en los distintos lugares de trabajo; desde un supermercado, pasando por una ensambladora de automóviles, labores del campo, empacadoras, restaurantes sin meseros, cirugías médicas precisas y hasta los taxis, como algunos que ya circulan en Nueva York y se ensayan en varios puntos del mundo, que sorprenden en plena calle conduciéndose solos y dejándonos una pregunta interior: ¿podré conversar libremente con este conductor sin piel sobre tránsito, fútbol, música, películas o política?

Paradójico pero real para el humano, ayer los adelantos tecnológicos nos asombraban en positivo, hoy en día nos preocupan y a veces hasta nos asustan.