¡Inconsciente colectivo!

Por José Cervantes Govea

jocegovea@yahoo.com

“En el mundo prenatal, muerte y vida  se confunden; en el nuestro -en el  exterior, fuera del claustro materno-,  se oponen; en el más allá, vuelven a  reunirse, pero ya no en la ceguera animal, sino como  conciencia reconquistada”. El Laberinto de la Soledad,  Octavio Paz.

Los seres humanos tenemos inteligencia para  pensar y decidir y voluntad para accionar y hacer.  Reza un dicho que “el mínimo de inteligencia son  el sentido común, la razón y la lógica”. 

Los mexicanos somos dicharacheros y nos  gustan los dichos, pero no sabemos capitalizar  sus enseñanzas. Estamos propensos a las  contingencias propias del descuido, comodidad,  impasibilidad, indolencia, imprevisión,  inconsciencia, irresponsabilidad e irracionalidad.  Nos acomodan casi todas las “i”, los “im” y los  “in” que significan estar desprovistos de tal o  cual característica, obligación y exigencia que los  conceptos y principios imponen para una mejor  vida en sociedad. 

Nos involucramos en hechos, voluntaria  e involuntariamente, y cometemos actos y  aunque sea evidente que somos responsables  de los daños o los malos resultados, evadimos o  tratamos de evadir la responsabilidad, de culpar  a otros o de pretextar circunstancias fortuitas o  causas de fuerza mayor. Cualquier hecho o acto,  ineludiblemente, genera una responsabilidad  jurídica y moral. Ejemplos de lo que no debemos  hacer sobran. Pero no aprendemos, nuestra  memoria es muy corta o la comodidad y la  necesidad le ganan a la inteligencia. Por ejemplo  en un accidente automovilístico por lo general  una de las partes es la responsable, pero no la  acepta. Otro ejemplo más son las cada vez más  frecuentes, si no es que diarias, manifestaciones  en el Distrito Federal, protagonizadas por lo  general por servidores públicos que abandonan  sus funciones, que producen molestias y  perjuicios económicos, que siempre tienen una  cabeza visible que puede y debe ser sancionada,  pero la política se sobrepone a la legalidad. 

Otro ejemplo de mayor trascendencia,  porque tiene que ver con la vida, es el embarazo.  Tanto el hombre como la mujer, tienen la  corresponsabilidad de velar por la gestación del  no nacido, su nacimiento, sano crecimiento,  educación y desarrollo, pero algunos hombres  suelen negar la paternidad para eludir su  responsabilidad, en otros casos, los menos  afortunadamente, ambas partes reniegan del  producto de sus actos. Otro ejemplo más,  igualmente trascendente, es el incendio de  la guardería concesionada a particulares por  el Instituto Mexicano del Seguro Social en  Hermosillo en 2009. Allí murieron inocentes  ajenos a los intereses económicos, descuido  y negligencia de sus progenitores, dueños de  la guardería y autoridades.  Todos los involucrados  permitieron y consintieron,  independientemente de  sus razones y necesidades,  habilitar, autorizar y utilizar  una bodega como guardería.  La opinión pública sancionó el  lamentable hecho propiciado  por actos de adultos. Actos  previamente consentidos por  progenitores, autoridades  y particulares comerciantes  en el ramo del resguardo y  cuidado infantil. Ahogado el  niño, todos exigieron tapar  el pozo y exigieron cárcel  para los responsables, pero  no pudieron devolver la vida  a ninguno de los inocentes.  Lo cierto es que la previsión,  prevención y detección del  peligro y la conciencia fallaron  y brillaron por su ausencia. 

Octavio Paz, en su libro  El Laberinto de la Soledad,  describe y dibuja a la  perfección cuerpo, mente y  filosofía de los mexicanos y a  sí mismo. El libro, desde mi  punto de vista, resume que  de nuestro conocimiento y  conciencia individual nace,  contradictoriamente, el  inconsciente colectivo que  propicia hechos y permite  actos que generan resultados  negativos. Luego, colectiva o  individualmente, buscamos  responsables, nos culpamos  mutuamente o nos quejamos  del desorden creado por  nosotros mismos. Un último  ejemplo, también trascendente,  es el abstencionismo electoral  y sus consecuencias políticas,  sociales y económicas y,  desde luego, las críticas  irracionales e inconscientes  de los abstencionistas a los  gobiernos. ¡Reflexionemos! El  próximo año, actuando libre y  responsablemente, salgamos  todos a votar.

*José Cervantes Govea radica  en Tijuana, es Contador Público  egresado de la UABC y Abogado  egresado de UniverTijuana.