Ideas Verticales: ¿Qué le importa a los Diputados?

Por Jorge Alberto Gutiérrez

Estamos por elegir en nuestro país a 500 diputados federales. 300 de estos son de mayoría relativa y los otros 200 de representación proporcional o “plurinominales”. Los 200 plurinominales se reparten entre todos los partidos, tomando como base el porcentaje general de votación, estableciendo ciertas reglas mínimas y máximas para la representación general de cada partido en el congreso, de tal manera que ningún partido tenga más de 300 diputados en la cámara de diputados.

De los 300 diputados que reciben voto directo y “pelean” en la calle el voto ciudadano, hay de todo tipo y perfil. Normalmente los partidos seleccionan para esta etapa a los que están dispuestos a subirse a la balanza ciudadana. Basta con ser ciudadano mexicano con 21 años de edad, gozar de plenos derechos como ciudadano y ser postulado por un partido o haber cumplido con los requisitos en caso de ser candidato “ciudadano”. No se requiere nivel educativo, ni habilidades específicas para contender. Es más, no es necesario saber leer y escribir. De ahí, la gran variedad de mexicanos que contienden, ganan y consiguen una curul. Muchos de estos terminan poniéndole al congreso la sal y el folklore que ha creado esa imagen negativa de la grilla y política mexicana.

 

De los otros 200, los “pluris”, es otro asunto. Ahí cada partido hace sus listas por circunscripción donde coloca a los VIPs de su estructura. Hay algunos políticos mexicanos que han sido diputados y senadores sin haber recibido jamás un voto en alguna elección. Son muchos de estos los políticos de “carrera”, los dirigentes, las líderes que mueven cada periodo legislativo al congreso e inclusive al país. Formar parte de una lista de estas, sobre todo en los primeros lugares, es la oportunidad política de seguir presentes y “en la jugada”. Quizá es un “premio” a la “trayectoria” o favores prestados.

Estos perversos incentivos de la política mexicana, donde el mérito, el trabajo, la honestidad, la preparación y la inteligencia son menospreciados, terminan perpetuando un sistema político nacional fallido, corrupto y desesperanzador.

Las cuotas de poder que les brindan sus simpatizantes habituales a cambio de dádivas y chamba son suficientes para mantener sus tan preciados privilegios. Sin embargo, el voto independiente y razonado puede ser tan poderoso.

Los escasos pero positivos cambios que hemos logrado los mexicanos estos últimos 15 años han sido precisamente por la existencia de suficientes mexicanos de pensamiento libre que han logrado mover la balanza electoral cada 3 ó 6 años.

Es a estos mismos políticos a los que les tendremos que exigir más cambios. Y seguramente los harán, quizá no todos los necesarios, ni por las mejores razones.

 

Principalmente lo harán para congraciarse con el votante, ya que algunos de ellos podrán buscar la reelección. Durante el periodo electoral, en este precioso y corto tiempo, la situación se voltea y somos nosotros los ciudadanos los que ostentamos el poder, para entregárselos a ellos después. Por ello, te invito a pensar y votar libre. Es a lo que más teme un político mexicano.