Ideas Verticales: Los que se fueron, ¿Van a regresar?

Por Jorge Alberto Gutiérrez* Infobaja

De un grupo de alrededor de 10 familias de amigos formado a partir de los cercanos lazos que unen a nuestras esposas, quienes se conocen y han convivido desde su infancia residiendo y estudiando en Tijuana, la mía es la única familia que actualmente sigue viviendo en esta ciudad. No me extrañaría que esta proporción sea similar en los grupos de amigos o familias de algunos de ustedes amables lectores.

Muchos de estos amigos se mudaron a la vecina ciudad de San Diego cuando la ola de inseguridad se desató en nuestra ciudad y literalmente huyeron al norte en búsqueda de tranquilidad y seguridad para los suyos. Algunos de ellos todavía tienen sus negocios o empleos en Tijuana, y hasta presumen que “viven en Tijuana, pero duermen en San Diego” como resistiéndose a aceptar que ya no viven aquí.

Nuestros hijos, todos bilingües y bi culturales, tienen raíces bien arraigadas en Tijuana y San Diego por igual. Son una especie de Neo-Tijuanenses que son de aquí y son de allá, que van y vienen, ahora más libremente con la confianza que te da la endeble percepción de mejor seguridad.

Estos niños le van a los Xolos, a los Padres, a los Zonkys  y a los Chargers por igual y saben apreciar lo bueno que ambos países les dan. Sin embargo son pocas familias las que seriamente consideran algún día regresar.

Las consecuencias de largo plazo de esta migración forzada de familias de ingresos medios y altos de Tijuanenses, tendrán seguramente implicaciones y consecuencias sociales y económicas de mediano y largo plazo aun por identificar y cuantificar. Aunque siempre ha existido en esta frontera este fenómeno de migración, nunca se había dado con tanta intensidad como en los últimos 10 años.

Se estima que entre 3,000 y 5,000 familias en condiciones económicas coloquialmente conocidas como “pudientes” dejaron Tijuana y se arraigaron en San Diego y sus suburbios. En el mercado inmobiliario de Tijuana, esto pudo haber significado una pérdida de hasta 2’500 millones de dólares para los desarrolladores de vivienda, arquitectos e ingenieros y la industria de la construcción, considerando que el precio promedio de cada casa que habitan estas familias Tijuanenses en San Diego es de alrededor de 500,000 dólares.

Tijuana perdió con esto, como efecto directo de la inseguridad que se vivió tan intensamente, miles de empleos directos temporales derivados de dejar de desarrollar y construir hasta 5,000 casas y departamentos de nivel medio y alto, además de los miles de empleos indirectos perdidos al dejar de gastar estas familias sus ingresos en servicios y mercancías de nuestra ciudad.

Aún cuando el precio de las casas y departamentos podrían ser menores en Tijuana, el monto mencionado representa la capacidad de compra, ahorro e inversión de estas familias.

Aun después de abatidos los índices de inseguridad, son relativamente pocas las familias que están regresando a Tijuana por propia voluntad y algunas de ellas lo hacen de manera forzada porque han decidido mejor perder su casa o departamento en San Diego debido a que las compraron en el pico de la “burbuja inmobiliaria” y deben hasta el doble de lo que vale actualmente su propiedad.

Estas familias que regresan y mantienen de algún modo su capacidad de compra y su buen crédito en México, son parte del motor que está empujando el incipiente pero creciente mercado inmobiliario de nuestra ciudad.

De ahí que se vuelve de suma importancia no solo retener a las familias que trabajan y residen en nuestra ciudad, sino a traer de regreso a las que se fueron buscando seguridad. Son los miembros de  estas jóvenes familias, donde están los comerciantes, profesionistas y emprendedores que han sido el motor histórico de la economía local. Son algunos de los que tienen la capacidad de crear los empleos que tanto necesita nuestra ciudad.

Vivimos hoy una débil seguridad en nuestra ciudad, que requerimos fortalecer de manera definitiva para ya no permitir que vuelva a empeorar.

Si volvemos a fracasar, perderemos la esperanza de ver a nuestros amigos y familiares regresar, con la terrible posibilidad de vernos forzados a también migrar.

*El autor es arquitecto, vive en Tijuana

Correo: jorge.gutierrez.65@gmail.com