Ideas Verticales: Dos años

Por Jorge Alberto Gutiérrez* /Infobaja

Mi difunto padre fue lo que podríamos definir como un hombre del sistema. Le tocó crecer personal y profesionalmente dentro de las instituciones y gobiernos emanados del proceso revolucionario que vivió México en la primera mitad del siglo XX.

Él nació en Mexicali en 1939, un hijo de migrantes del campo de Sinaloa y Durango, donde la revolución no había dejado mayores beneficios y por ello tuvieron que buscar mejores horizontes en tierras Bajacalifornianas.

Mi padre desde muy chico destacó como estudiante en la primaria Benito Juárez y la Secundaria 18 de Marzo de la misma ciudad para posteriormente mudarse a la Ciudad de México a cursar estudios superiores en la escuela vocacional del Instituto Politécnico Nacional y luego como Ingeniero Arquitecto en el mismo Poli. 

Fue el primer miembro de la familia que terminaba una carrera universitaria y uno de los pocos arquitectos en Baja California a principios de la década de los sesenta.

Ya en Mexicali, las oportunidades de trabajo bien remunerado se vieron llegar a pesar de su poca experiencia y pronto tendría una prolifera y exitosa práctica profesional privada combinada con responsabilidades de funcionario público trabajando para el Gobierno de Baja California.

El futuro de México y nuestro estado eran muy promisorios, quizá tanto como el de mi padre y esa generación de grandes profesionistas forjadores de nuestro estado. Había que hacer sacrificios personales para planear y realizar todo lo que había por hacer.

Es por ello que lo veíamos relativamente poco tiempo entre semana por sus múltiples ocupaciones y viajes relacionados al trabajo y aprovechábamos para convivir intensamente los fines de semana con él.

Como era natural en esas épocas, tanto por temas laborales e ideológicos, era muy lógico que cualquier profesionista joven participara activamente en las actividades político electorales del Partido Revolucionario Institucional.

Eran aquellas administraciones municipales, estatales y federales que actuaban como bloque haciendo mucho del México que hoy conocemos.

Recuerdo que el actuar de mi padre y casi la totalidad de sus amigos y compañeros, muchos de ellos dedicados tanto a negocios y empresas privadas, como participando en temas de gobierno, era con profundo amor a nuestro Estado y México.

Hicieron grandes obras e instituciones que sin duda sembraron las bases de mucho de lo bueno que tiene México hoy. Era con orgullo que platicaban sobre los logros y beneficios que sin duda consiguieron con su trabajo.

Había gran admiración y respeto hacia los gobernantes. En esos tiempos las decisiones se ejecutaban y no se cuestionaban. Es hasta hoy cuando caigo en cuenta que quizá también había en esto algo de temor. El sistema era noble y generoso con los que seguían las reglas e implacable con los escasos que no lo hacían.

Pasaron casi cuarenta años mas para que en nuestro país cayera el PRI de la cumbre donde estaba y surgiera un presidente de la república emanado de un partido de oposición.  Esto quizá no gustó a muchos de los grandes hombres de la generación a la que perteneció mi padre aunque reconocían que los gobiernos de su partido habían últimamente cambiado las formas e intenciones de su actuar. Ya no eran como los de aquellos tiempos.

Añoraban algunos todavía el regreso del PRI a la presidencia, quizá para demostrarle al país que podían cambiar. Ese día se llegó el 1º de Julio de 2012, cuando Enrique Peña Nieto ganó las elecciones presidenciales; al día siguiente, mi padre falleció de una larga enfermedad que lo tenía ya por varios meses en un hospital.

Han pasado dos años del gobierno de EPN y después de un meteórico y reformista arranque, observamos como el país se conmociona ante la acumulación de eventos desafortunados, salen a flote injusticias, complicidades, censura y desesperación.

No será quizá totalmente la culpa del gobernante actual, pero sinceramente esperamos de él cordura e inteligencia para retomar el camino y liderar a México a un mejor lugar. De otro modo, los sueños de muchos, no se van a realizar.

*El autor es arquitecto, vive en Tijuana

Correo: jorge.gutierrez.65@gmail.com